Una golpiza que se hincha

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La comunidad de Miami-Dade se escandalizó tras conocer sobre una golpiza que había propinado un grupo de hombres a una pareja gay en el muy emblemático Ocean Drive de South Beach, Miami Beach, el pasado domingo 8 de abril.

El caso tomó dimensiones sobresalientes por muchas razones. Primeramente, sucedió durante la celebración del Orgullo Gay en uno de los lugares más amigables con la comunidad sexodiversa en el mundo entero. Miles de personas LGBT concurren a este sitio, no solamente durante el evento, sino a lo largo de todo el año.

Por otro lado, una cámara de seguridad captó la agresión y las autoridades se movilizaron en la captura de los responsables, además de difundir las imágenes para solicitar a la ciudadanía apoyo en la identificación y captura de los implicados.

Paralelamente, el alcalde de Miami Beach, Dan Gelber, se reunió de inmediato con representantes de la comunidad LGTB, a los que les aseguró que la ciudad se había tomado muy en serio esa “despreciable agresión”.

El escándalo fue de tal calibre, que los presuntos culpables se entregaron al día siguiente. Fueron identificados como Juan Carlos López, de 21 años; Luis Alonso Piovet, de 20; Adonis Díaz, de 21 y Pablo Reinaldo Romo-Figueroa, también de 21.

Los agredidos responden a los nombres de René Chalarca y Dmitry Logunov, quienes recibieron golpes en el rostro, los cuales les ocasionaron heridas y hematomas. La agresión dejó sin sentido a Logunov temporalmente.

Ambas víctimas aseguraron que el ataque se debió a que se habían abrazado mientras hacían fila para entrar a un baño público en Ocean Drive y 6th Street. Sus victimarios se encontraban tras ellos.

Uno de los matices más comentados de esta situación fue el hecho de que una persona que estaba cerca, Helmut Muller, persiguió a los agresores, y también recibió una golpiza, debido a lo cual le tomaron cuatro puntos de sutura en la cabeza.

Autoridades de Miami Beach homenajeraron más tarde a Muller por ayudar a la pareja golpeada. Fue condecorado con la Medalla de la Ciudad de Miami Beach por el comisionado Michael Góngora, el 25 del mismo mes.

Los implicados fueron acusados el viernes 11 de mayo por la Fiscalía bajo leyes estatales contra delitos de odio, por lo cual podrían enfrentar una pena de hasta 30 años de prisión. Se les imputaron los cargos de agresión con agravantes y prejuicio.

La jueza que sigue el caso decidió aumentar la fianza a estas cuatro personas a cifras que van entre 75 y 76 mil dólares. Además, ordenó el arresto domiciliario.

El corolario de este relato, que ha atraído la atención de la opinión pública en el último mes, fue la declaración del padre de Juan Carlos López, en la que es homosexual y que su hijo tiene “una excelente relación” con su pareja, con la que lleva más de 10 años de convivencia.

Llama la atención la unánime condena a la agresión, la rápida y certera actuación de las autoridades, la solidaridad del testigo que intervino y fue agredido, e incluso el hecho de que el padre de uno de los agresores se haya declarado públicamente homosexual. A ello hay que sumar la utilidad de las omnipresentes cámaras de vigilancia, que dejaron testimonio incuestionable de los hechos.

Esta vez las cosas se desenvolvieron de manera muy distinta a lo que hubiera sucedido años atrás o en otro lugar. Los crímenes de odio por la sexualidad de las personas están entre la espada y la pared. El mundo se les pone cada vez más pequeño para los intolerantes.

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