Triunfo y calle

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La opinión pública y la movilización popular organizada pueden generar los anhelados cambios que requiere la sociedad. Aunque algunos sectores indiquen que no es posible, basta con ver los grandes avances que se han suscitado para entender que la presencia masiva de personas en las calles puede tener resultados satisfactorios, en lo que a democracia se refiere, aunque es preciso mantener la protesta organizada y la divulgación de las ideas para seguir adelante, pese a los cuantiosos triunfos parciales.

El presidente de Argelia es un hombre anciano y enfermo que, bajo el discurso de mantener la seguridad, la concordia y el orden, dice aspirar prácticamente a la perpetuidad. Sin embargo, está alejado de toda acción pública desde que sufrió un derrame cerebral en 2013 que lo confina a una silla ruedas y a escasas apariciones en la televisión, además de sembrar la duda de quién realmente manda.

Pese a su precario estado de salud Abdelaziz Bouteflika decidió postularse para un quinto mandato, pidiendo que un seguidor le hiciera el trámite de inscripción, pues su situación lo mantenía en el exterior y le impedía hacerlo directamente.  Aunque la ciudadanía aún escuchaba la propaganda oficial de la paz, sabía de la experiencia del primer mandatario y probablemente se había beneficiado de su gestión populista de subvención de prácticamente todos los rubros, notó que era el momento de propiciar un cambio que permitiera modernizar al país y garantizarle el paso al desarrollo democrático.

Bouteflika insistió en su aspiración hasta que no pudo hacer frente a un gran movimiento popular que salió a exigir cambios y democracia.  Ni la represión ni el miedo frenaron el ímpetu de los manifestantes que consiguieron que el presidente desistiera de su absurda pretensión continuista y diera un paso al costado.

Si bien se ha logrado un gran avance al detener los intentos de perpetuidad del presidente argelino, la tarea no está totalmente culminada. En efecto, en una acción temeraria (que bien pudiese denotar el interés en mantener su poder de facto o por el contrario, evidenciar que no es más que una figura controlada por grupos militares) se han suspendido las elecciones, por lo cual, con el mismo ímpetu que impidieron la nueva postulación del autócrata, los ciudadanos deben ahora salir para exigir un proceso comicial democrático y transparente que permita que los vientos de libertad y esperanza bañen a un país que en su historia ha estado marcado por el dolor, la desesperanza y la violencia.

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