Sí o no: nuestro derecho a elegir

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Incorporar el poder creador de nuestro lenguaje no siempre es una tarea sencilla. Crecimos aprendiendo que “las palabras se las lleva el viento”, lo cual implica que las cosas que decimos no tienen importancia. Nada más lejos de la realidad. Todo lo que decimos genera ser. En especial en nuestro mundo de relaciones, todo lo que decimos impacta.

En mi columna anterior les hablaba de una lista de palabras que suelo llamar “Palabras Poderosas”. Hoy me gustaría sumar a esa lista otras dos palabras: “sí” y “no”. Creo que estas nos permiten transformar nuestra realidad y empoderarnos. Con ellas podemos ubicarnos en un lugar de integridad marcando lo que queremos y lo que no queremos en nuestro mundo. Su uso nos permite sumar evidencias para sustentar nuestra identidad de personas confiables, comprometidas y responsables.

Nada más transformador que un “sí”. En caso de no creerlo pregúntense ¿cómo les fue con esa propuesta de matrimonio que les hicieron? ¿Cómo es su vida desde ese “sí”? ¿Cambió en algo su mundo al aceptar el empleo que les ofrecieron? Decir que “sí” abre las puertas de nuestras vidas. Nos permite dejar entrar todo aquello que queremos (y lo que no queremos también), por eso su uso consciente es tan importante.

El “sí” es una palabra tan poderosa que pone en juego nuestra propia identidad. Al decir sí nos jugamos nuestra confianza para realizar acuerdos. Estamos aceptando, prometiéndonos y prometiendo a los demás realizar una tarea determinada. El sí es la aceptación de un compromiso con los demás y con nosotros mismos. Se han preguntado ¿cómo se afecta su identidad cada vez que han dicho sí a un acuerdo que luego no pueden llevar a cabo? Hoy les invito a conectarse con esa sensación que les atraviesa cada vez que se hacen promesas a ustedes mismos que terminan rotas.

Como palabra alternativa tenemos el “no” o “basta” (como también puede ser dicho). Una palabra que compromete nuestra dignidad, nuestra integridad. En ella se encuentra la libertad y la posibilidad que todos tenemos de elegir entre las cosas que queremos y las que no. Decirlo debería ser promovido como un derecho humano irrenunciable, al que todos podemos acceder sin el temor de que el otro pueda ofenderse o sentirse agredido. Aprender a decir que “no” quedándonos en paz con nuestra decisión es un gran desafío.

Un “no” a tiempo puede evitarnos problemas en nuestras relaciones. En cualquier dominio, no solo la pareja. Aplica también para amistades, trabajo, o familia. Cada vez que alguien ignora nuestro “no” niega nuestro derecho. Nos irrespeta. Cada vez que ignoramos el “no” de una persona la irrespetamos, estamos transgrediendo su derecho a elegir. Cada vez que decimos que sí cuando queremos decir que no nos irrespetamos, nos negamos la posibilidad de ejercer nuestro derecho a elegir y no comprometemos a hacer algo que no queremos.

¿Cómo les fue la última vez que dijeron “sí” cuando querían decir “no”?

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