Salud a la mano: brote de sarampión

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Si fuiste vacunado cuando niño, no hay nada de qué preocuparse, pues la inmunización es de por vida. Y si ya sufriste de sarampión, tampoco, pues la enfermedad no vuelve a desarrollarse en individuos que ya la padecieron. Pero si no estás seguro de haber recibido la vacuna, puedes realizarte un análisis sanguíneo que revelará si ya gozas de la inmunidad.

El virus del sarampión se disemina a través del aire. Cuando una persona infectada tose o estornuda, infecta el aire por hasta dos horas, y cualquier otra persona no inmunizada que siquiera respire el aire, aunque ya el enfermo no esté presente, contraerá la enfermedad. También se transmite por contacto directo con el virus, es decir, si una persona toca una superficie infectada y luego toca sus ojos, boca o nariz, y por contacto con las mucosas del enfermo, por lo que las vías de contagio son múltiples, haciendo que  la dolencia se propague rápidamente entre la población.

Hay una serie de síntomas que van apareciendo gradualmente entre una o dos semanas luego de la infección. Todo comienza con una serie de molestias muy similares a las de una gripe fuerte: fiebre alta (40 grados Centígrados, 104 Fahrenheit), tos, goteo nasal y ojos enrojecidos, hipersensibles a la luz y llorosos (conjuntivitis). Luego (dos o tres días después) aparecen pequeñas manchas blancas en el paladar y las mucosas bucales. Por último, tres o cinco días luego de la aparición de los primeros síntomas, comienzan a verse pequeños puntos rojos en el rostro, como una erupción, que van diseminándose y llenando toda la piel del resto del cuerpo, incluyendo las palmas de las manos y las plantas de los pies. Las pequeñas ulceraciones no causan escozor, una de las grandes diferencias con las otras eruptivas, y pueden durar entre cinco y seis días.

A pesar de que es una enfermedad eruptiva, puede conllevar serias complicaciones que van desde una infección grave de oído hasta una neumonía. Se debe monitorear muy bien al paciente, para evitar deshidratación por la fiebre y complicaciones mayores como las infecciones antes mencionadas.

Según la Organización Mundial de la Salud, el mayor peligro lo corren los pacientes menores de cinco años o mayores de 30, pues el riesgo de que las complicaciones se conviertan en graves y hasta mortales, es mucho más alto. A nivel mundial, se calcula que entre el 2000 y el 2017, se evitaron 21,1 millones de muertes a nivel mundial gracias a la vacunación, de nuevo de acuerdo a las cifras manejadas por la OMS.

Tratamiento paliativo

Como cualquier otro virus, hay que esperar que cumpla su ciclo y solo se pueden atenuar los síntomas. Como cada vez que se presenta una dolencia, lo primero es acudir al médico. También es preciso beber muchos líquidos y tomar analgésicos para la fiebre.  Si el médico determina que hay infección, administrar los antibióticos indicados, descansar y utilizar un humidificador para atenuar la tos, y cuidar la vista de luces brillantes, pues suelen ser molestas para la conjuntivitis que se manifiesta con el virus.

Pixabay

Vacunación

La vacuna es una inmunización mundialmente usada y aprobada, que puede ser individual, pero por lo general, la más difundida es una vacuna trivalente, contra el sarampión, la rubeola y las paperas.

Es una de las vacunas que se colocan durante el primer año de vida, y debe reforzarse unos años después, generalmente antes de entrar a la educación regular, entre los cinco y seis años de edad. Luego de esa doble dosis, no hay que volver a administrarla. Se obtiene una inmunización de por vida. Como muchas otras vacunas, está elaborada con el virus activo, pero debilitado, por lo que la inmunización es muy efectiva.

La vacuna se consigue en las principales farmacias, con una orden médica. También puede administrarse a menor costo en los centro de salud del condado. Consulta con tu médico para conocer tu mejor opción, pues en algunos casos, los mismos centros médicos las pueden administrar.

Resurgir de una dolencia erradicada

La vacuna se creó en la década de los ’60, y progresivamente su uso fue generalizándose, hasta lograr una tasa de contagio mínimo, por lo que en el año 2000, la enfermedad fue catalogada como erradicada de los Estados Unidos. Esto comenzó a cambiar en el 2014, cuando se presentó un brote que reportó 667 casos en todo el territorio. Luego, hubo un notable descenso, hasta el 2018, cuando comenzó un brote de 372 casos y que ha crecido hasta 880 en lo que va del 2019, según el CDC (Centro para el control y la prevención de enfermedades).

El gran brote que se ha desarrollado en los últimos años está directamente relacionado con grupos de personas que no han recibido la inmunización. Durante una época, se difundió la creencia de que la vacuna podía generar autismo, pero se ha comprobado que no hay relación con el desarrollo del autismo en niños que han recibido esta vacuna. También es frecuente encontrar personas sin vacunación por creencias religiosas, y estos han sido los grupos más afectados en los brotes más recientes.

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