Rememorando a Andrés Eloy

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Personajes como Andrés Eloy Blanco deben tener un sitial preponderante en todas las acciones que enmarcan el devenir de las repúblicas. No solo se trató de un periodista brillante, de un abogado acucioso, de un poeta excelso, o de un parlamentario envidiable, sino que pudo esgrimir sin rubor alguno el mérito de ser probablemente uno de los más grandes ejemplos del civilismo que añora un país que parece estar perdiéndose entre las tinieblas de la desolación y la desesperanza.

Murió Andrés Eloy Blanco el 21 de mayo de 1955 y, 63 años después, lo que ha debido erigirse como un homenaje a un canto de libertad y esperanza, sencillamente pasó desapercibido. No hubo amor que, a través del cristal de las lágrimas, hilara; no se aprovechó el momento para dirimir el pleito entre amar y querer, o sencillamente, para tener la excusa de mirar a un lado al prójimo desamparado y ver que camina de Chachopo a Apartaderos. Ni siquiera se aprovechó su memoria para recordar que ese país que añoramos fue un ensueño de gasa, fue una gasa en la brisa.

Pero en épocas en que la política urge ser recuperada y el gobierno se parece tanto a esas macabras dictaduras que persiguieron al poeta y a las que con ahínco y dedicación combatió, habría que levantar la bandera del canciller que aprovechó su cargo en beneficio de la humanidad. Mientras otros son vistos de manera burlesca y repudiados por sus pares, a Andrés Eloy Blanco lo aplaudían de pie cuando clamaba por el fin de la guerra u ofrecía perseguir hasta el último de los rincones al franquismo que tanto daño había hecho a la humanidad.

Por eso no deja uno de lamentar que la desaparición de un venezolano de su talla, de un ser indudablemente universal, fuese simplemente recordada por un grupo de sus admiradores sin que se despertara la necesaria y merecida algarabía de empuñar la pluma y el verbo en su memoria, y de convertir en símbolo de esperanza aquella minúscula campanilla que regía el debate parlamentario y que trascendía su tamaño cuando anunciaba que entraba en vigencia la Constitución que institucionalizó el voto universal, directo y secreto.

La memoria de personajes como Andrés Eloy Blanco es, sin lugar a dudas, el emblema que ha de guiar a las nuevas generaciones a conquistar la libertad y a transformarse en faro que señale el camino hacia un país que está a las puertas de la libertad y al que le urge reivindicar a la humanidad.

 

luis.daniel.alvarez.v@gmail.com

@luisdalvarezva

 

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