Realidad emocional: el Lego de las respuestas

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Quizás algunos de nosotros hemos jugado con Lego, una gran cantidad de piezas de diferentes tamaños y colores, con las cuales hay posibilidades de construcción ilimitadas. La terapeuta Nicoletta Cinotti señala que nuestra percepción de la realidad se parece a las piezas de Lego.

Los grandes bloques activan patrones de respuestas automáticas. Mientras que las piezas pequeñas están relacionadas con el presente, las más pequeñas están vinculadas con lo que ocurre en el instante en que ponemos nuestra conciencia en ellas.

Así, la realidad emocional está compuesta por las respuestas “grandes”, a las que estamos acostumbrados y hemos hecho una y otra vez, y una miríada de respuestas inmediatas, pequeñas. Cuanto más pequeñas, mas versátiles.

La percepción solo ocurre en el presente, en el instante en que volcamos nuestra atención en un determinado hecho o situación. En la medida que nuestra atención va cambiando, también cambia nuestra emoción y la manera como percibimos la realidad.

Hay emociones que distorsionan la percepción y generan respuestas rápidas y automáticas. Una de estas emociones es el miedo: nos lleva a percibir la realidad como un solo bloque que ocupa todo nuestro mundo interior. En la medida que podemos conectarnos con el presente y su flujo, a través de la respiración, podremos disminuir el tamaño de este bloque. Estar en el presente nos permite intensificar la conexión con la riqueza del mundo interior y perder el foco en las circunstancias difíciles que generan sufrimiento.

El miedo es un instrumento útil, que nos avisa de los riesgos y peligros, pero tiene la mala costumbre de invadir todo el entorno. Es rígido y difícilmente podremos adaptar su forma a soluciones novedosas.

“Acotarlo”, darle límites, pasa por relacionarnos con él desde lo inmediato. “¿Esto que temo, es inminente? ¿Qué es lo peor que podría pasar?¿Estoy generalizando un evento particular, dándole poder en ámbitos en los que no lo tiene?” son algunas preguntas que nos pueden permitir relacionarnos con ese sentimiento paralizante. Dividirlo en bloques mas pequeños, manejables y (claro que sí) más útiles.

Hay momentos en que el sufrimiento de una persona ocupa toda su alma y su conciencia, y los placeres de la vida se vuelven cada vez más escasos. Y es en ese instante, donde el miedo a la vida se encuentra con el miedo a la muerte.

Hoy quiero invitarte a permanecer una y otra vez en el presente, a través de la respiración, y a percibir esos pequeños bloques, esas pequeñas cosas que tienes aquí y ahora y que te conectan con la vida y el agradecimiento por lo que sí tienes.

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