Quinteros y los bergaminos

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A la maestra la secuestraron a finales del mes de junio de 1976 por su militancia política. La dictadura sanguinaria actuaba con desparpajo y sadismo contra sus opositores, al punto de torturarlos y someterlos, buscando –no solo- que se erigieran como delatores de sus compañeros de causa, sino dar una imagen de supremacía y superioridad que los mostraba invulnerables.

A Elena Quinteros la llevaron a realizar una ronda para que identificara el sitio en el que se escondían algunos de sus compañeros. Aprovechando un descuido de sus captores, ingresó a la embajada venezolana en Montevideo. A sus gritos y la solicitud de asilo, los diplomáticos venezolanos le otorgaron protección. Pese a ello, los esbirros que la perseguían, vulnerando las prerrogativas diplomáticas, ingresaron al recinto, secuestrando nuevamente a la maestra, quien en el forcejeo quedó gravemente herida, y agrediendo al personal venezolano que buscaba evitar que se cometiera el abuso.

Inmediatamente, tanto el embajador venezolano Julio Ramos como el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Ramón Escovar Salom hicieron los reclamos de rigor y manifestaron –en nombre del gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez- su más enérgico repudio a lo que aconteció, exigiendo que se respetara la vida de Quinteros y cesara la represión. La cínica respuesta del régimen dictatorial era que desconocía lo que pasaba y que en todo caso se trataba de actores que no representaban al Estado. Finalmente, las relaciones entre ambos países se rompieron.

Más nunca volvió a saberse de Elena Quinteros, salvo conjeturas e insumos que podrían aclarar su paradero muchos años después de haber sido secuestrada. Desgraciadamente, también en un mes de junio, pero de 2019, el subsecretario de Relaciones Exteriores de Uruguay, Ariel Bergamino, justificaba que su país se retiraba de la Asamblea General de la OEA que se realizaba en Medellín, Colombia, porque a juicio de su país, la acreditación de la delegación enviada por la Asamblea Nacional de Venezuela, es irregular y no cumple las normativas.

Por más que luego trató de justificarse y de acomodar, en parte, sus palabras al admitir que le preocupaba la situación venezolana, la posición uruguaya es triste y deplorable, más viniendo de los representantes de un país que sufrió los embates del militarismo y que encontraron solidaridad en algunos Estados como Venezuela. A Elena Quinteros la desapareció la dictadura, junto con la indiferencia y lo edulcorado de hombres que –como Bergamino- tratan de jugar a la perfección, sin entender los dramas que encierran crisis como la venezolana.

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