Porlagoma: Beisbol bajo presión

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La noticia corrió por las redes sociales en las cuentas de los periodistas que cubren la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Efraín Zavarce detalló que los jugadores de Leones del Caracas y Cardenales de Lara estaban reunidos en el club house de visitante del estadio Antonio Herrera Gutiérrez discutiendo si suspendían o no el segundo juego de la Serie Final, pautado para el 23 de enero, como establece el calendario aprobado por los 8 equipos que integran la liga.

Pasadas unas horas, Jesús Guzmán, el jugador de los Leones del Caracas, publicó en su cuenta de Instagram, con la foto de un imponente León, la decisión de los jugadores del equipo capitalino de no jugar:

“Buenas tardes Venezuela, mis compañeros y el cuerpo técnico nos reunimos temprano para analizar la situación del juego de hoy y decidimos, por respeto a Venezuela, no salir a jugar. Hablamos con los peloteros de Cardenales y el cuerpo técnico y ellos decidieron jugar. Entiendo la situación de Cardenales al querer jugar, pero lo que está pasando en Venezuela es responsabilidad de todos los venezolanos, NO ES FÁCIL LO QUE ESTAMOS VIVIENDO EN ESTE MOMENTO, se pidió la suspensión del juego de hoy solamente y que decidiéramos día a día, dependiendo de la situación del país, si seguir con la gran Final. Ya Jesús Guzmán está en el ojo del huracán de la LVBP, y mis consecuencias las estoy pagando y las pagaré yo por decir la verdad, no será muy alto el precio que tenga que pagar, creo que el béisbol es una fiesta que todos los venezolanos tenemos que disfrutar y en este momento no estamos para fiestas, el país está primero y deberíamos entenderlo como profesionales. Esperamos la decisión de la liga ¡VIVA VENEZUELA!”.

El veterano jugador de Leones borró la publicación horas después.

Los jugadores del Caracas que plantearon la acción de no jugar no lograron convencer a sus similares, los alados, y sin ese acuerdo la acción se debilitó. Sin embargo, era una decisión tomada. Estaban recogiendo sus implementos con la intención de irse al hotel sin importar la consecuencia esperable del forfeit.

Así que llegó el turno de las presiones extrabéisbol.

Pasadas las 4 de la tarde, centenares de fanáticos esperaban que se abrieran las puertas del recinto deportivo. No pocos se fueron de la movilización al parque.

Varias fuentes consultadas hicieron énfasis en decir que en Barquisimeto, salvo en sitios específicos, no había disturbios ni protestas que dieran pie a la suspensión del juego.

Cerca de las 6 de la tarde, de nuevo los periodistas presentes en el estadio anunciaron que los jugadores del Caracas y el presidente de la Liga estaban reunidos conversando sobre la decisión.

Como es lógico y apegado a las reglas, al no presentarse Leones, se decretaría automáticamente el forfeit. Sin embargo, no fue esto lo que privó en la decisión de realizar el juego.

Mientras ocurría lo escrito, el estadio se iba llenando y la seguridad, en la medida que pasaba el tiempo, se volvía más difícil de garantizar. Con la realidad externa al estadio, no iba a ser fácil decirle a los fanáticos que se fueran a sus casas porque se suspendió el juego por decisión de los jugadores visitantes.

“En esa situación, la responsabilidad de suspender era comprometedora. Se volvió a hablar con los jugadores y aceptaron hacerlo”, dice una fuente de los Leones. “Decretar el forfeit también tenía un elevado componente de incertidumbre y alto peligro para todos”.

Las presiones no sólo eran esas, además hubo amenazas de cárcel si no había juego, por “contribuir a la zozobra”, dice la fuente.

A las 9 de la noche se escuchó la voz de play ball.

El amable lector dirá con todo derecho que la situación del país sí ameritaba suspender, pero es entonces cuando hay que tener en cuenta varias cosas:

La LVBP es una institución fundada en 1946 y siempre se ha mantenido al margen de la política, no ahora, desde siempre, porque el interés que la mueve es el mismo que motiva a cualquier empresario: que sea un negocio rentable.

El béisbol profesional es de las pocas cosas que le quedan al venezolano para pasar un buen rato, un entrenamiento sano.

Mientras para la inmensa mayoría de su afición es una distracción, un espectáculo que convoca a miles desde octubre hasta enero, para varios centenares de personas es un trabajo, el pan que llevan a casa.

En este momento el principal patrocinador de la LVBP es la estatal petrolera PDVSA. No hay dudas de que en esta aguda crisis, solo ellos están en capacidad de aportar las divisas necesarias para mantenerla.

Cuando desde el año pasado se supo que PDVSA otorga alrededor de 10 millones de dólares a la LVBP, se alzaron muchas voces en rechazo a ese patrocinio, en vista de la crítica situación hospitalaria y de abastecimiento de alimentos. Con sólidos argumentos se cuestionó que se destinaran recursos a un espectáculo deportivo por encima de necesidades prioritarias.

“Eso es una realidad, pero la Liga no comete una traición al mercadearse para conseguir recursos que en el pasado se lograban por parte de empresas privadas. Igual se entiende el disgusto”, aseguró una fuente.

Cuando un patrocinador aporta casi la totalidad del sustento, como lo hace PDVSA, el fin es controlar, no es mercadearse.

Las gerencias de Leones y Cardenales habían conversado sobre adelantar el inicio de la final el lunes para no jugar el 23 de enero, pero Leones argumentó que por razones de logística y de planes del equipo, no era posible aceptar la propuesta de los larenses y se mantuvo el calendario como estaba pautado. Posición comprensible. Incluso esa propuesta no era tampoco favorable a Lara, ya que su mejor lanzador, William Pérez, no tendría los días de descanso ideales.

La discusión de suspender el juego quedó entre los peloteros y del lado de Cardenales, quienes luego de conversarlo decidieron jugar y mantenerse al margen de la política, alegando el compromiso que tenían con la afición que compró sus boletos para verlos jugar y el hecho de que se había propuesto empezar el lunes previendo la movilización convocada en todo el país.

Estos hechos desencadenaron duras críticas a los jugadores y gerencias de ambos equipos. Algunas con argumentos respetuosos, porque esperaban que la suspensión terminara de desmontar la fachada de normalidad que se pretende desde el poder. Sin embargo, otros fueron más allá y emprendieron ataques y descalificaciones que no merecen unos profesionales que creen que su compromiso es con la afición. También les preocupa lo que sucede: sus familias también padecen necesidades. Optaron por jugar, pero eso no debe convertirlos en blanco de amenazas.

“Entraron 11.627 fanáticos, con todo y las informaciones cruzadas”, dijo la fuente de los crepusculares.

Habría sido un elemento importante que se suspendiera el juego, pero no hubo unidad de criterios y en Venezuela no es posible analizar nada sin tomar en cuenta la naturaleza del régimen.

En 2002, cuando se suspendió el torneo, las razones fueron operativas. No había posibilidad de seguir en medio del paro, por logística y por la dificultad del traslado de los suministros que necesita cada estadio.

En la tarde del jueves 24 de enero, los jugadores importados Logan Darnell, Félix Pérez y Craig Sterm se fueron de regreso a los Estados Unidos dada la situación de inestabilidad, y es un hecho que los mexicanos Álex Delgado y Javier Solano abandonarán el país el sábado. Los Marlins de Miami mandaron a parar al colombiano Harold Ramírez.

El periodista Carlos Rosa informó en su cuenta de Twitter:

Enrique Rojas, de ESPN, anunció en la mañana del viernes: “Serie del Caribe no se jugará en Venezuela. República Dominicana, México, Panamá y Colombia de opciones. Se marchan refuerzos de Leones Caracas. MLB ordena a peloteros no ir a Venezuela.”

Diosdado Cabello amenazó pública y directamente a Ricardo Cisneros, propietario del Caracas: “Parece que el señor Gustavo Cisneros, de los amos de El Valle, dio la orden de suspender el béisbol. No quieren que haya béisbol en Venezuela (…) y yo que ya me había autoproclamado ganador con los Tiburones de La Guaira. (…) Cisneros, da la orden que quieras. (…) Yo te agarro en la bajadita”.

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