Políticas públicas y primer empleo

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Según un informe dado a conocer por La Organización Internacional del Trabajo (OIT), el nivel de desempleo proyectado para los jóvenes a nivel mundial, alcanzará alrededor del 71,1 millones para 2018. Reveló la entidad en el documento que América Latina y el Caribe se encuentran dentro de las regiones con el índice más alto de desempleo juvenil con un 19,6%.

Las naciones que hoy exhiben niveles de desarrollo han sido aquellas que han puesto al ser humano como eje central de sus políticas, las que han centrado sus objetivos en el desarrollo de las capacidades de sus ciudadanos sobre la base de un sistema educativo programado para capacitar y formar a los profesionales que demanda el mercado laboral.

La carencia o falta de programas tendentes a incentivar y fomentar desde las escuelas y las universidades políticas para promover el Primer Empleo, deja ver que desde los Estados este es un tema que no está en la agenda gubernamental ni en las empresas del sector privado. El Primer Empleo es un tema que tiene que ser atendido por las autoridades estatales, la situación de exclusión de los jóvenes del sector laboral es un mal que tiene que ser atacado con políticas públicas reales, eficientes y efectivas que estén en consonancia con el sector privado.

Para las familias que han realizado esfuerzos para que sus hijos alcancen un nivel académico superior, encontrarse con la realidad de que en el mercado no requieren de los servicios y los conocimientos de los nuevos profesionales que aspiran a poner en práctica los conocimientos adquiridos durante su vida académica, es un acto de negación de derechos y un drama social lacerante.

El desarrollo de una nación se sustenta en la inclusión y la participación, es por ello que se hace necesario crear las condiciones desde el Estado para aprovechar el capital humano y así evitar la creciente fuga de cerebros que ha ido en aumento en los últimos años. Es de justicia social insertar a los jóvenes que son el relevo generacional en el sector laboral, flexibilizando los requisitos exigidos, sin que ello les prive de disfrutar de las remuneraciones que otorga un trabajo justo y digno.

Los sectores público y privado son los generadores de riquezas dentro de una nación, por ende los garantes del desarrollo. El primero tiene que asumir su papel de administrador de la cosa pública y ponerla al servicio de los jóvenes impulsando leyes y programas interinstitucional para que este segmento de la población se desarrolle; y el segundo tiene que dejar la práctica de aprovecharse de las fragilidades y las irresponsabilidades que tienen los Estados.

La aspiración de todos los ciudadanos del mundo es participar del desarrollo y disfrutar de las riquezas en igualdad de condiciones, base en la que se sustenta la justicia social.

¡Y haréis justicia!

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