Palabras poderosas: gracias

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No es la primera vez que traigo a esta columna una reflexión sobre cómo es que nuestro lenguaje impacta en nuestro entorno, en nuestro mundo. Nuestras palabras tienen un poder creador que solo puede manifestarse cuando lo entendemos, cuando incorporamos esa herramienta y nos apropiamos de sus resultados. Cuando nos hacemos conscientes de que nuestro lenguaje genera un impacto y es capaz de cambiar el mundo, entonces pasa. Comienza a ocurrir tan visiblemente que en ocasiones no lo podemos creer.

 

No hay palabras grandes o pequeñas. Todas tienen su justa y necesaria medida. Algunas quizá pueden llegar a tener un impacto más profundo. Pueden llegar a dar un giro radical en nuestro entorno cuando son pronunciadas. Me gusta llamarlas palabras poderosas, pues solo con pensarlas algo comienza a cambiar en nosotros. Una de ellas es “gracias”.

 

Como muchas otras cosas hemos aprendido a decir “gracias” como un acto reflejo, sin la consciencia de lo que esconde ser agradecido: una oportunidad para celebrar lo que se nos ha provisto y reconocer a quien lo ha hecho por dedicar sus recursos a nosotros. Cuando alguien cumple satisfactoriamente nuestros pedidos y le decimos “gracias” también le estamos diciendo “es valioso lo que has hecho”, “lo que haces me permite mejorar mi vida” o  “mi  mundo es mejor gracias a ti”. Dar las gracias nos permite aliviar al otro del resentimiento que se genera cuando se queda pensando: “le di todo de mí y ni las gracias me dio”.

 

La gratitud nos permite sanar nuestra relación con el pasado. Incluso con esos hechos de nuestra vida que nos dolieron o nos marcaron. Cuando aprendemos a verlos como un aprendizaje, somos capaces de agradecerlos, porque se hace evidente que sin eso que nos pasó, sin eso que ocurrió tiempo atrás, no estaríamos viviendo las nuevas experiencias de nuestro presente. Así que como fue, fue perfecto.

 

Ser agradecido es vivir en una fiesta eterna. Es reconocer todo lo que llega a nosotros, sin importar cuánto dure. Cuando agradecemos le damos valor a lo que tenemos y nos permitimos conectarnos con el resto de las cosas que queremos en la vida. Ser agradecidos es vivir el presente, disfrutando de lo que tenemos en consciencia para avanzar hacia nuestro destino.

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