Norka Márquez: la madre de Guaidó traza el retrato familiar de un líder

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Juan Guaidó sabe lo que es perderlo todo, como muchos venezolanos hoy en día. Le sucedió en diciembre de 1999, cuando un aluvión de piedras y barro arrasó la casa familiar en Los Corales, y cobró miles de vidas en lo que se conoció como “la tragedia de Vargas”. Su madre Norka Márquez rescató de las aguas al menor de la familia, entonces de dos meses, y todos corrieron a refugiarse en el hogar materno en Palmar Oeste, que también terminó barrido por el deslave.

“Para Juan fue muy fuerte porque nos tuvimos que ir a vivir a Caracas, dejar todo lo que él conocía, su mundo, y empezar una nueva vida desde cero. Hasta la mayoría de las fotos familiares se perdieron”, recuerda Norka. “Él tenía 15 años y estaba en quinto año de bachillerato”.

Del día de la tragedia, Norka guarda el registro de un Juan optimista, que intentaba animar a la familia y convencer a los adultos de que al final todo saldría bien. Y así fue.

Archivo familiar Juan Guaidó

El beisbol, el tenis y el taekwondo se acabaron para él. Algunos de sus amigos desaparecieron engullidos por la furia de la montaña que derrapó por las laderas hacia el mar. Terminó el bachillerato con el acompañamiento de su madre día a día hasta Los Corales, pero al finalizar, el inventario de pérdidas incluyó también de alguna forma a su familia, que se mudó a Machiques de Perijá, en el lejano estado Zulia, mientras Juan se quedaba en Caracas para iniciar sus estudios de Ingeniería en la Universidad Católica Andrés Bello.

“Se puso flaquito, porque al principio se le hizo muy difícil. En el liceo él estaba acostumbrado a que ni siquiera llevaba libros ni cuadernos. Los profesores me lo reclamaban y él decía ‘todo lo tengo aquí arriba’ (en la cabeza), y siempre sacaba buenas notas. En la universidad sí se tuvo que esforzar más, y a veces yo lo llamaba y me decía que había comido una galleta y una fruta. Y yo ‘hijo, eso no es comida’, pero entre el trabajo y la universidad no le daba tiempo de nada más”.

Pisando firme

Juan Guaidó no siempre gravitó en la política. Se interesó durante su paso por la universidad, cuando el gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez decidió cerrar el canal de tendencia opositora RCTV, despertando el rechazo del movimiento estudiantil, que hoy tiene buena parte del liderazgo del país (Stalin González, Freddy Guevara, Miguel Pizarro, Juan Andrés Mejías, Juan Requesens y el propio Guaidó, entre otros).

Archivo familiar Juan Guaidó

Siendo todavía menor de edad, obtuvo un trabajo gracias a un familiar en el conglomerado de artículos de oficina Compu Mall. “Él y su amigos estudiantes eran los mejores vendedores, según mi primo”, recuerda su madre Norka, que todavía atesora el regalo que Juan le compró con el primer sueldo de su vida, unas sandalias que ya no le sirven, pero que no ha tenido corazón para botar. “Era un orgullo para él poderme dar un regalo”.

Hoy su relación no es tan cercana como hasta el 23 de enero, cuando Guaidó se juramentó como presidente interino para conducir el período de transición, concitando el apoyo y reconocimiento de decenas de países. “Por razones de seguridad no hablamos por teléfono, así que tengo que andar cazando los momentos para verlo”.

Un juramento en familia

Norka ni siquiera tenía idea del paso que su primogénito daría aquel 23 de enero. “Quedé tan sorprendida como Venezuela y el resto del mundo. Fue un momento hermoso, pero también de mucho miedo. Cuando lo vi levantar la mano para jurar tuve una mezcla de sentimientos que iban desde el día que lo engendré. No pude evitar ponerme a llorar, de verlo tan joven y con tanta responsabilidad”.

Inesperado

Pocos conocían de Juan Guaidó el 5 de enero, cuando asumió como presidente de la Asamblea Nacional de mayoría opositora, la institución cuya legitimidad es reconocida por la mayor parte de la comunidad internacional en este momento.

Pero es que él está acostumbrado a llegar de sorpresa. Norka tenía apenas 19 años cuando, sin buscarlo, quedó embarazada de su novio Wilmer. “Simplemente nos casamos e iniciamos nuestra familia”.

Archivo familiar Juan Guaidó

Luego llegó Gustavo y cinco años después la separación de los padres. “Siempre estuvimos claros de que el divorcio era entre nosotros y no tenía por qué afectar a los niños. Si Wilmer los quería en Navidad, yo no ponía objeciones. Siempre llegamos a acuerdos”.

Norka volvió a casarse y tuvo dos hijos más, hoy de 21 y 19 años. “Alexander siempre ha sido un consejero para Juan y es el padrino de confirmación de Gustavo, porque él mismo lo escogió. Los dos lo llaman ‘Chu Alex’, lo besan como a un padre. Para nosotros la familia siempre ha estado en primer lugar”.

Archivo familiar Juan Guaidó

Por eso para Norka no fue una sorpresa conocer la faceta de Juan como un padre tierno y amoroso para su pequeña Miranda, la única persona capaz de hacer callar su voz en la actual coyuntura de Venezuela, pero no para censurarlo sino para intercambiar besos en plena rueda de prensa.

“Él fue muy chocho (devoto) con sus sobrinas Carlota y Martina, hijas de Gustavo. Se desvive por ellas, igual que por Miranda. Juan la baña, le da la comidita, juega con ella”.

Los sustos de Norka

Los dolores de cabeza que Juan no causó de niño los dio a partir de 2007, cuando incursionó en la política y su madre se hizo consciente de los riesgos que corría.

Jamás fue un chico travieso, pero sus ocurrencias se convirtieron en parte del acervo de anécdotas familiares. Cuando tenía año y medio, aprovechó que sus padres se durmieron junto al recién nacido Gustavo y los rayó a todos con una caja de marcadores que encontró.

“Cuando despertamos Wilmer me preguntó ‘¿qué tienes en la cara?’, y yo ‘¿qué tienes tú en la cara’. Cuando nos fijamos, el único que no estaba rayado era Juan”.

Tampoco olvida el día que Juan desvistió a un muñeco y se disfrazó con esa ropa. “Casi me muero de susto cuando me pareció ver al muñeco caminando por la casa”.

Luego se acostumbraría a verlo vestido de Superman en todos los carnavales, de pelotero (era segunda base) o con su dobok de taekwondo.

Si era o no el hombre de la capucha y la visera en el hotel Lido que mostró Jorge Rodríguez en el video que dio origen al #GuaidóChallenge, la vocación por el camuflaje tiene antecedentes bastante lejanos.

Predestinado

La piel del bebé Guaidó era delicada, con tendencia a sufrir alergias frecuentes, un padecimiento que de adulto parece haberlo abandonado: no es un político con piel de ángel, como se conoce a los más sensibles a las críticas.

Sí es, en cambio, una especie de predestinado. Su abuela materna solía aplicarle cremas para aliviarle las alergias y en medio de los mimos y cuidados, le decía al bebé “y pensar que cuando sea presidente de la República no me va a dejar echarle cremitas”. De esas bromas cariñosas surgió la costumbre familiar de referirse a Juan como el futuro presidente.

Archivo familiar Juan Guaidó

“Lo juramentábamos, lo poníamos a posar como si fuera presidente. Hoy en día cuando lo veo me pregunto qué sentiría mi mamá si hubiera podido vivir esto. Segura estaría orgullosa”.

Las fotos del bebé presidente desaparecieron con la tragedia de Vargas, pero cuando Juan incursionó en la política, Norka confiesa que muchas veces lo imaginó llegando lejos en ese terreno.

“Yo sí sabía que él haría algo grande, pero lo imaginaba ministro o algo así. Hoy cuando veo lo que está haciendo veo mucho de lo que es Juan, un muchacho conciliador, que no pelea, que no grita, que une, que por más que la esté pasando mal, nadie se va a enterar nunca de sus problemas. Pero también pienso que lo más preciado que le he dado es educación, valores de familia, vocación por hacer el bien, y eso es lo que estoy viendo ahorita”.

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