Mujer y poder político

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Desde el inicio de la humanidad, el poder ha sido ejercido por el hombre y lo ha mantenido bajo su posesión. Es natural cuando se hace referencia al poder a partir de la idea de hombre y fuerza. Por consiguiente, cabe preguntarse quiénes han ejercido el poder político a través de la evolución de la humanidad, ¿el hombre o la mujer? Dejo la respuesta para el final.

Sin importar la naturaleza a través de la cual se exprese, el poder lleva consigo una supremacía que podríamos enmarcar en los siguientes postulados: representación, relación con la toma de decisión, determinación y fuerza, entre otros enunciados. Podemos inferir que el que tiene el poder en cualquier núcleo decide. Todo lo antes expuesto, nos lleva a una segunda pregunta: ¿están las mujeres representadas en los estamentos de poder?

¿Quiénes deciden en los órganos de direcciones políticas, instituciones sociales y demás entidades? La práctica en el campo nos lleva decir que los hombres. Son ellos los que ocupan los puestos de direcciones y por vía de consecuencia las decisiones. Es ahí donde tiene su origen la lucha campal entre mujeres y hombres, y en ese espacio también nacen los retos de las protagonistas para decidir y determinar la suerte que ellas entienden merecen y que le corresponde por derecho, sin que ellos se sientan amenazados o desplazados sino más bien acompañados.

Las desigualdades políticas crean resentimientos profundos, exclusión, instituciones desequilibradas y la prevalencia de sociedades exclusivas, carentes de oportunidades para los más desprotegidos. Dentro de este segmento entran las mujeres. Ellas quieren formar parte de las decisiones desde los estamentos de poder para ponerlo a disposición de los más sanos y nobles intereses, para el bienestar de la familia y con ello para una mejor sociedad.

Es por tales razones que para hablar de democracia, en pleno sentido de la palabra, no solo han de cumplirse los criterios de voto individualizado, diversidad de partidos y periodos electorales. También ha de hablarse de una representación plena del pueblo, incluyendo, sin lugar a dudas a la población femenina. De aquí que se entienda la paridad como un derecho que asegura la representatividad de la población.

De lo que se trata es de dar a cada quien lo que merece, colocar en las posiciones a quien tenga las capacidades, las cuales se deben construir. Es vital el rol que deben asumir los Estados a través de los órganos de educación, y que las organizaciones sociales generen espacios de reflexión para la construcción social, sobre los temas de género, participación, igualdad política, sexualidad, y otros que coadyuven a la construcción de una conciencia social en hombres y mujeres, y con ellos en todos los segmentos de las sociedades que están sub-representado.

Solo entonces estaremos en vía de la bien llamada justicia social.

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