Majestad presidencial

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La figura presidencial, aunque algo atacada por la historia y por la realidad, va paulatinamente adquiriendo un sitial de honor en la sociedad, que termina valorando favorablemente su proceder y comprendiendo su rol a favor de la modernización del país. Su humildad y delicadeza son el insumo para derrotar con determinación las falsas leyendas que se ciernen en torno a su persona, entregando la posibilidad de estudiarlo y entenderlo.

El amor profesado a su país es cada vez más reconocido y debe aplaudirse con firmeza la inserción de Venezuela en un ámbito internacional en el que el respeto a las garantías fundamentales, la seriedad de sus planteamientos y la capacidad de rodearse de figuras de prestigio y renombre, lo llevan a tener una dimensión de estadista que muchos no se decidían a darle.

Aunque su origen está inexorablemente unido al período anterior –asumiendo al ser propuesto por el gobierno que lo precedió- la historia recogerá que planteó un perfil propio en el que priva un reconocimiento amplio a los disidentes y las mayores garantías para el ejercicio de la política y el periodismo. Esas características deben enmarcar su nombre cada vez que se hable del presidente y de su período de gobierno.

Al final, pese a los aspectos favorables que deben resaltarse, faltó profundizar en varias aristas, por ejemplo lo referente a la participación, por lo que –aunado a factores reivindicativos de algunos gremios- lo llevaron a ser desplazado del poder. Lamentablemente, el presidente no fue lo suficientemente rápido y hábil para terminar de abrir la puerta a la democracia y escuchar el clamor ciudadano que exigía poder elegir libremente y de manera directa a su presidente.

El pasado 6 de julio se cumplieron 122 años del nacimiento del expresidente Isaías Medina Angarita, hombre de probadas convicciones democráticas y clara visión del país. Desafortunadamente, el día –como ocurre en un país desmemoriado, en el que los habitantes simplemente subsisten- pasó totalmente desapercibido, sin que se hiciera un justo balance a una figura histórica y sensata, la cual ha sido reconocida y honrada hasta por sus adversarios que ven en él un hombre decente que hizo del ejercicio del poder una experiencia de servicio, algo que tanto se extraña en la actualidad

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