Luis Fernando Vásquez: un venezolano tras la creación de Roma

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Cada paso que damos en la vida, aunque parezca fallido o azaroso, va asfaltando el camino hacia el gran objetivo que nos hemos trazado. Esa es la filosofía de Luis Fernando Vásquez, joven cineasta venezolano que estuvo entre los talentos creadores de la exitosa película Roma, recientemente postulada a 10 premios Oscar.

Luis Fernando, periodista formado en la Universidad Santa María (curiosamente para una carrera en comunicaciones corporativas) está vinculado al arte y al espectáculo desde que tiene memoria.

Su madre trabajó por muchos años en el Museo de Bellas Artes, y eso le permitió crecer en el corazón cultural de Caracas, entre el Teatro Teresa Carreño, el Museo de Arte Contemporáneo y la Cinemateca Nacional. Su hermano, un fanático empedernido del cine, terminó de empujarlo hacia el séptimo arte, pero fue el propio Luis Fernando, con su determinación y su claridad de objetivos, el que empedró el camino hacia el gran sueño de su vida: trabajar junto al director mexicano Alfonso Cuarón.

“Cuarón se me metió en la cabeza desde que vi A Little Princess. Luego cuando vi Great Expectations me dije ‘tengo que hacer algo así’. Podría decir que esa película me creó un vínculo emotivo con Cuarón”, recuerda Vásquez, quien fue el “second second”, o lo que es lo mismo asistente de dirección en Roma.

“El camino para llegar a Roma fue lo que hice en Venezuela”, asegura. Y esa ruta incluyó escalas tan insospechadas como un programa de baile instructivo en Meridiano TV, un canal de deportes, en el que era uno de los talentos, o la aparición en el espacio infantil El Club de los Tigritos, en Venevisión, cuando aún estaba en secundaria.

“Empecé haciendo de todo, pero mi ascenso fue tan acelerado porque tenía las herramientas y porque fui haciendo los contactos necesarios. Yo buscaba las oportunidades y se daban”.

Una vez que terminó la universidad, Luis Fernando se fue a estudiar cine a Barcelona, España, y cuando regresó comenzó una meteórica carrera que lo llevó a trabajar en todas las grandes producciones del cine venezolano.

Fue segundo asistente en El Rumor de las Piedras y Hora Menos, dos dramas que narran la historia de sobrevivientes de la tragedia de Vargas, que arrasó el litoral central venezolano en 1999. También estuvo en la misma posición en Nena salúdame al Diego y La Distancia Más Larga.

Un día comenzó a escuchar sobre la súper producción Libertador, que recrea la gesta independentista de Simón Bolívar, dirigida por Alberto Arvelo y protagonizada por Edgar Ramírez. “Me dije ‘tengo que estar allí’, y logré que me contrataran como tercer asistente de dirección”.

Trabajando en Libertador conoció a los cineastas René Villarreal de México y María Diani de Uruguay, quienes serían providenciales para que su camino se cruzara con el de Alfonso Cuarón. También gracias a Libertador tuvo su primera oportunidad como asistente de dirección, en la película Dauna, Lo que Lleva el Río, una innovadora producción hecha en idioma warao en el Delta del Orinoco.

Siguieron cortometrajes con productores como Gustavo Rondón o Virginia Urreiztieta, antes de que llegara el llamado del gran Diego Rísquez para asistirlo en la dirección del filme El Malquerido, “una gran experiencia que todavía hoy sigue abriéndome puertas”.

La oportunidad de que su nombre apareciera en una producción de Hollywood llegó, de nuevo junto a Edgar Ramírez, en Point Break, un remake de la película del mismo nombre protagonizada en 1991 por Patrick Swayze y Keanu Reeves, que fue filmado en Venezuela.

Cuando decidió trasladarse a México, fue precisamente en un reencuentro con compañeros de rodaje de Point Break que se enteró de que Alfonso Cuarón se encontraba en ese país, preparando una producción. “Siempre bromeaba diciendo que me había mudado a México para trabajar con Cuarón, pero terminó siendo así, porque apenas llegando René y María me llamaron para hacer Roma”.

“Llegué prácticamente directo a la filmación, sin guión porque la película se hacía en el set. Era una experiencia nueva que Cuarón estaba poniendo en práctica. Siendo una obra muy contemplativa, nos lanzaban a recrear cosas de las que nos íbamos enterando poco a poco, era una lucha diaria por leer entre líneas, como montar un cuadro en el que nosotros íbamos de alguna manera pintando el fondo”.

“En algunas escenas me tocó ser las manos de Alfonso, el ‘second second’ es el que da la voz de acción, la voz del director en ocasiones, el que ejecuta su palabra”, describe.

Luis Fernando confiesa que disfrutó cada instante de la filmación: “Fue como un campamento que no tiene precio ver trabajar a Cuarón, ver el tiempo que se toma para pintar rigurosamente cada plano, lo exigente que es: un hombre que sabe lo que quiere y hace lo que sea necesario para obtenerlo, pero al mismo tiempo tiene detalles como cantarme Las Mañanitas el día de mi cumpleaños, que fue en pleno rodaje. Llegar ahí me hizo darme cuenta del poder que tenemos para conectarnos con las cosas que queremos”.

El éxito de Roma, en la que trabajó como productora otra venezolana, Gabriela Rodríguez, ha sido un capítulo aparte de la aventura de Luis Fernando, quien también ha sido nominado a los premios anuales del Gremio de Directores de América (o DGA por sus sigla en inglés), como parte del equipo de dirección que trabajó junto a Cuarón.

“Me parece un poco increíble todo esto. Es una locura pensar que uno estuvo involucrado en una película como ésta. Me encanta estar representando el talento latino, y especialmente demostrar que hay mucho talento venezolano haciendo cosas importantes en el mundo del cine”.

 

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