Los hombres sí lloran

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Llorar puede ser visto como una muestra de debilidad. Esta reacción de nuestro cuerpo ante las emociones nos deja expuestos. Sometidos ante los juicios sociales que acusan a las mujeres de lloronas, inestables, histéricas y dramáticas. Los hombres, por nuestra parte, podemos ser vistos como débiles, cobardes y hasta se pone en juego nuestra reputación.

Las personas con un alto grado de sensibilidad pueden llorar con frecuencia al encontrarse en distintas emociones: alegría, rabia, amor, odio, sorpresa o tristeza. Algunos caballeros podemos llegar a ocultarnos o sentirnos avergonzados, dadas las creencias sociales acerca de los hombres llorones. Abrazar el llanto como un fenómeno innato en los seres humanos y que no distingue de género es el primer paso para soltar los juicios instalados sobre este tema.

Una visión distinta de este fenomeno nos podría permitir salir con una gran etiqueta que nos revalorice ante un evento incontrolable y no siempre bien visto. Abrazar el llanto como una expresión de nuestro sentir nos permite vernos como:

-Auténticos y valientes: porque nos permitimos expresar nuestras emociones libremente y no nos importa el qué dirán.

-Dignos de confianza: somos capaces de abrirnos en nuestras emociones y eso facilita el espacio para que otros puedan abrirse y demostrar su sentir.

-Empáticos: nos es fácil conectarnos con los demás y sus emociones.

-Hábiles en el manejo de las emociones: llorar es una vía de drenaje para las cargas emocionales que llevamos en el cuerpo.

Además los hombres que lloramos dejamos ver nuestro lado humano, sensible y compasivo.

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