La hora de la Asamblea

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Mucho se ha comentado sobre el impulso y el ímpetu que se han despertado en las últimas semanas con la directiva de la Asamblea Nacional que encabeza Juan Guaidó y completan Edgar Zambrano, Stalin González, Edinson Ferrer y José Luis Cartaya. Es innegable que la confianza se recuperó y que la salida a la grave crisis de gobernabilidad pareciera por fin tener visos de ser superada.

Sin embargo, sería una gran insensatez y un enorme acto de mezquindad dejar de reconocer que lo que acontece en estos instantes es producto de un premeditado plan en el que diversas figuras del ejercicio parlamentario asumieron unas tareas concretas y definidas, que hoy nos trae a este escenario de definiciones y visiones.

Por ejemplo, no es adecuado dejar de mencionar que este proceso lo inició Henry Ramos Allup en una gestión que tuvo como norte la recuperación de la institucionalidad parlamentaria, dando un discurso claro, contundente y lleno de experiencia a un cuerpo que venía de ser el mero órgano de resonancia gubernamental, en el que sencillamente se daba maquillaje de legalidad a unas conductas cuartelarias y lejanas a toda supremacía civil.

A la gestión de Henry Ramos siguió la de Julio Borges, que logró un posicionamiento internacional importante, ubicando al parlamento venezolano en un rango de actor definido que se colocaba a la par de otros legislativos en el mundo. Posteriormente, le tocó a Omar Barboza asumir la conducción de la Asamblea Nacional, en un ejercicio que no se limitó a hacer seguimiento a las tareas pendientes, sino que buscó tender puentes y definir ciertas situaciones que eran necesarias para avanzar.

De esta manera todo fue un plan de marcado acento colectivo en el que los partidos políticos -sin importar su tamaño, acción o ideología- comprendieron la necesidad de trabajar de forma mancomunada para ofrecer un modelo que sirviera de garantía para una alternancia -de allí la importancia del Estatuto de la Transición- que fuese lo suficientemente cautivador a lo interno y que resultara convincente para la comunidad internacional.

Le toca entonces a Juan Guaidó una tarea muy importante para llevar las vías de la representatividad. Es una labor que lejos de cualquier mesianismo y espíritu de elegido o de caudillo, ha de reposar en las bases de un gran acuerdo nacional en el que priva la sensatez y del que hay que agradecer con gallardía y admiración a quienes dirigieron el parlamento desde 2016.

@luisdalvarezva

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1 Comentario
  1. Adolfo Salgueiro Dice

    Felicitaciones Luis D. – Artículo equilibrado enel que no se deja de reconocer que las anteriores Directivas de la AN tambien cumplieron un rol.

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