La geopolítica de la migración: caso Venezuela

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La definición de la geopolítica de la migración ha sido desarrollada por diversos autores, entre los que destacan los españoles, quienes debido a su posición geográfica se han visto en la necesidad de estudiar el fenómeno. Es la suya una forma de analizar el fenómeno migratorio desde la perspectiva de los factores sociales, económicos y políticos que pueden presentar los diversos países.

En la región latinoamericana, la geopolítica de la migración encuentra un objeto “ideal” de estudio en la llamada diáspora venezolana. Es el caso venezolano el mayor reflejo de la importancia del uso del método geopolítico al momento de realizar los diversos análisis para explicar la problemática migratoria.

En Venezuela podemos definir dos corrientes: la primera abarca desde el año 2003 hasta el 2013, un período en el que la necesidad de buscar nuevos horizontes se relacionaba con la búsqueda del bienestar, tranquilidad y seguridad ciudadana, no la satisfacción de necesidades básicas.

Esta realidad otorga a la primera corriente migratoria venezolana la búsqueda de destinos finales muy diversos, en su mayoría lejos del territorio nacional. Puede ser catalogada de acuerdo con lo que la psicología moderna ha denominado “inteligencia migratoria”, formada por mano de obra calificada y estudios de alto nivel.

La segunda corriente abarca desde el año 2014 hasta la actualidad, que se subdivide en dos etapas. La primera transcurre desde 2014 hasta 2016, y la denominamos etapa del flujo migratorio. El migrante de esa época, si bien ya no buscaba lugares tan remotos debido a la creciente crisis económica, sí buscaba destinos dentro de la región que se considerasen lo suficientemente estables para recibirlos. Es el momento en el que usaban los países vecinos como meros hoteles de paso hacia su destino final. Esta etapa tiene a un nuevo migrante, debido a que su búsqueda en los diversos países se centra en la calidad de vida y en la prevención de la venidera crisis económica.

En este punto también comienza a surgir una desesperanza política: grandes sectores de la población se encuentran desmotivados e incluso escépticos sobre la solución de los problemas mediante el sistema político. Estos migrantes siguen siendo trabajadores calificados, pero representan a una población más joven y carente de experiencia laboral. En definitiva, esta oleada incluye a los jóvenes profesionales del país.

La segunda etapa, denominada de retorno y sobrevivencia, abarca desde el año 2017 hasta la actualidad. La denominación se debe a que la característica principal de estos migrantes radica en el hecho de que muchos de ellos retornan a los países de origen de sus ascendentes, y los otros simplemente buscan satisfacer en otros países sus necesidades básicas. En esta etapa la crisis económica se encuentra en pleno auge, lo cual obliga a la mayoría de los migrantes a plantearse destinos finales más cercanos, como Colombia y Brasil.

En este punto, la migración calificada se encuentra mezclada dentro de una que no lo es y que representa a los sectores más pobres de la sociedad venezolana. Es en este punto el que surge el problema migratorio, debido a que los protagonistas del fenómeno requieren satisfacción de necesidades básicas, pero al mismo tiempo no representan un aporte sustancial para la economía del país de llegada, incluso se convierten en un problema de salud pública en muchos casos, principalmente para los países limítrofes de Venezuela.

En conclusión, la posición geográfica venezolana es un factor importante para estudiar las diversas respuestas a la problemática migratoria que dan los países de la región. Hemos visto como para países como Colombia y Brasil este es un problema de seguridad y salud pública, mientras para otros como Chile y Argentina sigue siendo una oportunidad para obtener mano de obra calificada, sabiendo que a la mayoría de los ciudadanos de escasos recursos no les será tan sencillo llegar a dichos países por el costo que representa llegar a ellos, en medio de la crisis económica sin precedentes de la que huyen. Ante esta realidad podemos comprender que el problema para unos es la oportunidad para otros: lo que para algunos países representa una crisis para otros es el momento perfecto para buscar nuevas formas de fomentar el desarrollo sus territorios.

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