La ética desde el poder

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Hablar de que un político es honesto pareciera convertirse en un hecho atípico y noticioso, además de impulsar una profunda y manifiesta injusticia pues la razón fundamental del ejercicio político es el servicio público. Sin embargo, las prácticas poco éticas de algunos funcionarios han llevado a que se asuman como extraños los procederes correctos de algunos actores decentes y decorosos.

Hace algunos días falleció el expresidente argentino Fernando De La Rúa, un hombre, al que incluso sus detractores, siempre reconocieron por su vocación de servicio y la manera gallarda que lo llevó a comprender que había que entregarse a la colectividad sin lucrarse ni hacer de la práctica de gobierno un ejercicio de beneficio personal.

La vertiginosa carrera del exmandatario lo llevó a pasar por un número relevante de cargos, ubicándolo desde joven como un potencial actor que podía –paulatinamente- erigirse como una alternativa a considerar. De esta manera, fue cosechando logros hasta alcanzar la presidencia de Argentina, en lo que podía considerarse que era el punto culminante de una carrera para la que se había preparado toda la vida.

Desafortunadamente para él y su país, el sueño de una vida creciendo lo necesario para llegar a servir a su nación, se esfumó, quedando prácticamente solo y no pudiendo afrontar una crisis que -aunque no le era propia- no se atendió con las condiciones que se necesitaban. De esta forma, su gobierno terminó con su renuncia y su fulgurante carrera política fue desplazada por una sombra que lo acompañó hasta el final de sus días, posicionando un velo que lleva a no reconocer su brillante carrera.

Personajes como Fernando De La Rúa hacen falta y las sociedades deberían apostar –como mecanismo de concretar el desarrollo- a políticos como él. Son hombres que ven el poder con humildad y que saben que se deben a la ciudadanía. La historia reivindicará su legado y las banderas de la libertad ondearán en la memoria de quien, no sólo fue un gran demócrata, sino fundamentalmente un hombre trabajador y honesto.

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