La democracia como forma vs la democracia como sistema

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La democracia enfrenta en esta época una serie de planteamientos y de reinterpretaciones que parecen moldearla, para que tenga cabida en ámbitos donde anteriormente no la encontraba.

Antes que nada habría que determinar que el concepto básico de democracia radica en que el pueblo por mayoría elige a sus dirigentes. De esta forma tan básica de verla parten varias premisas, pero hay dos que toman mayor fuerza en el acontecer de los hechos del mundo y especialmente Latinoamérica.

La primera interpreta la noción desde un punto de vista más político que social, una óptica bajo la cual la democracia radicaría en la elección de los gobernantes a través del voto de las mayorías, premisa que permite lo que conocemos hoy como elecciones. Esta acepción la convierte en una forma de gobierno donde lo importante es principalmente la elección como hecho, dando así el origen más básico a lo que denominamos como democracia representativa.

La segunda argumenta una visión completamente inversa, trasmitiendo a la democracia un carácter mayoritariamente social sin desvincularla de la parte política, convirtiéndola en un sistema social que le permite saltar a cualquier ámbito. Es decir, la sociedad siempre y cuando cuente con la mayoría de su población en todo aquello que elija, deberá tener un control directo de los asuntos que la competen. De dicha percepción o interpretación radican los planteamientos de “democratizar” todas las instituciones sociales, siendo la “democratización de los medios” la que resuena mayormente en nuestra actualidad, colocando los parámetros más básicos de la llamada democracia participativa.

En Latinoamérica se encuentran presentes ambas interpretaciones. La segunda se ha convertido en una bandera de la  izquierda para desprestigiar la primera, pero el problema de esta óptica es que parte de la idea, muy arraigada culturalmente, de que la mayoría tiene la razón, cosa que no es completamente cierta.

La mayoría podría estar equivocada o cometer errores en su condición humana, por lo cual la “democratización” no puede ser entendida como un sistema social viable. Esta forma de ver la democracia coloca en la mayoría el poder para avasallar y en algunos casos destruir a la minoría, que irónicamente en el mañana podría convertirse en mayoría. Si esto llegara a suceder se generarían rencores entre uno y otro segmento de la población, abriendo la puerta a estallidos sociales que en nada favorecen a la región, y que más bien podrían desvincular y hasta destruir tanto la democracia participativa como idea sistemática social y a la democracia representativa como forma de elección de gobiernos y de protección institucional de las minorías.

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