La corrupción como variable

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Con dramatismo y angustia se evidencia que la corrupción se ha vuelto una variable a considerar para comprender la política de América Latina, no solo en lo que concierne a la salida de autoridades de sus cargos, sino a la alarmante posibilidad de que las propuestas populistas puedan irrumpir, cual salvadores, ofreciendo alternativas y llevando a los países a escenarios complicados.

Uno de los casos más dramáticos es Perú, país en el que ninguno de los expresidentes está exento de polémica y todos están incursos en investigaciones judiciales. Lo más delicado es que la coyuntura ha alcanzado a otras figuras tanto de la política como de diversas instancias, formándose un entramado que crea repulsión en los ciudadanos.

En Brasil ya las consecuencias se están viendo con el triunfo del antipolítico discurso de Jair Bolsonaro, tomando en consideración que más que haber sufragado por sus propuestas, la ciudadanía lo hizo contra el sistema, rechazando al resto de las opciones y aduciendo que era el momento de un cambio.

Está la región plagada de escándalos, resaltando los casos que involucran a Cristina Fernández, a los poderes públicos en Colombia, a Rafael Correa y al gobierno venezolano, variando el grado de acción que se tiene contra ese flagelo, pues varios países han ordenado investigaciones relevantes, mientras que en otros pareciera que nada ha ocurrido.

Si no se actúa a tiempo, la aparición de fenómenos que nos ofrecen soluciones mágicas se impondrá con facilidad. Que los demagogos usen colores diferentes no los hace menos peligrosos. Por el contrario, si no se considera esta variable, puede regresar la región a patéticas eras que se creían superadas.

 

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