La bananerización de Estados Unidos

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Las elecciones de medio término en los Estados Unidos dejan a la vista un rostro muy poco amable de la realidad de ese país. Los resultados, en los que polémicos personajes se imponen y se observan reacciones desproporcionadas por parte de los representantes del gobierno, permiten vislumbrar que al país lo recorre una ola de fragmentación que dista mucho de la versión de modelo ideal que muchos aspiran transmitir.

Aunque hay nombres de interesante perfil en ambos partidos, existen otros que parecieran tener por norte la repetición del modelo presidencial de descalificar a sus adversarios, mientras esgrimen una retórica de conflicto que quedó anclada en los años de la Guerra Fría.

Luego de los comicios se dio un episodio que no se diferencia sustancialmente de lo que ocurre en cualquier dictadura, cuando el presidente Donald Trump, independientemente del hastío que pueda generarle un sector de la prensa, fustigó y humilló a un comunicador social durante una alocución, llegando al extremo de que su credencial y acreditación fueron retirados al día siguiente.

Probablemente Trump esté acostumbrado a las lisonjas y los tratos favorables que le otorgan por su posición de empresario, polémico por demás, y por su rol de estrella de televisión, pero preocupa que la persona que tiene que regir los destinos de uno de los países más poderosos del mundo sea incapaz de escuchar críticas sin perder la compostura.

Si bien el presidente Obama puede ser criticado por haber tenido una política exterior tibia, timorata y de otorgar demasiadas concesiones a regímenes como el cubano, pareciera que los esfuerzos de profundización social que había alcanzado la sociedad terminaron desplazados por la irrupción de un hombre al que cuestionan las propias bases de su partido y que tiene su fortaleza electoral en una región tradicionalista que sigue añorando discursos vetustos que ofrecen supremacías y grandezas.

Habrá que esperar el desenvolvimiento de los acontecimientos en los Estados Unidos. Sin embargo, por lo pronto, el presidente no salió tan mal parado como se pensaba. Todo lo contrario, puede respirar tranquilo y sentarse, siempre con cautela. Pero su soberbia y su actitud atrabiliaria no dejan de generar desconfianza cuando ante las amenazas del partido ahora mayoritario en la Cámara de Representantes de investigarlo, responda señalando que, si eso ocurre, usará su mayoría en el Senado para parar el país. Vestigios y reminiscencias de pensamiento bananero muy propio de otras latitudes.

 

 

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