Juicio del Chapo: Testigo del gobierno dice que no es posible operar un cártel sin pagar sobornos a los políticos

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No es posible que un cártel de narcotráfico pueda operar sin pagar sobornos a la corrupción política, aseguró quien por años fuera el líder de una de las organizaciones criminales más violentas de Colombia: El cártel del Norte Del Valle. Juan Carlos Ramírez Abadía, alias “Chupeta”,  concluyó su testimonio frente al jurado que emitirá el veredicto en el proceso judicial que se le sigue a Joaquín el Chapo Guzmán. Durante el contrainterrogatorio de la defensa, el exnarcotraficante que funge como testigo del gobierno de Estados Unidos dijo haber pagado sobornos a congresistas, fiscales y hasta la campaña del expresidente, Ernesto Samper, para evitar la extradición.

Mientras Ramírez Abadía emitía su testimonio, el acusado se mostraba displicente y su abogado, Eduardo Balarezo, irascible.
Entre los aspectos destacados por Chupeta salieron a relucir los asesinatos supuestamente ordenados por el hombre cuando era el líder del cártel del Norte Del Valle. El abogado del Chapo, William Purpura, preguntó si en las hojas de cálculo que el testigo mostraba para llevar las operaciones de su empresa criminal, registraba el pago de USD 45.000,00 a unos sicarios que mataron tres personas.
Igualmente, Purpura en su empeño de acabar con la credibilidad del testigo frente al jurado, preguntó en detalle sobre varios asesinatos. Uno de ellos fue la muerte por encargo del hermano de Víctor Patiño, miembro del cártel de Cali, por el cual se habría cancelado la suma de USD 338.776,00. Otros USDF 200.000,00 se habrían pagado para matar a un sujeto llamado “Pepe” Crespo García.
Purpura hizo mención a 150 asesinatos vinculados a Ramírez Abadía y en su estrategia de tocar las mentes del jurado, mostró una fotografía con 150 personas y afirmó ante el testigo que esa era mucha gente, haciendo referencia a las supuestas víctimas de Chupeta.
El testigo relató que en 1996 se había entregado voluntariamente a las autoridades colombianas bajo un acuerdo falso y corrupto que implicaba desarticular el cártel del Norte Del Valle.
“¿Ese era un supuesto arreglo que no ocurrió y usted siguió traficando con drogas desde la cárcel?”, preguntó Purpura y Chupeta aseveró: “No. En lo absoluto”. Más adelante sentenció que ni tenía que desmantelar su organización ni colaborar con el gobierno.
“¿En 1996 usted mintió en la cara a las autoridades de Colombia?”, interrogó la defensa.
“Sí”, admitió el testigo.
“¿Usted mintió porque quería seguir? ¿Usted tiene algún respeto por los mexicanos?”, repreguntó la representación legal del Chapo.
La fiscalía pidió que no respondiera y Chupeta sólo dijo: “En ese momento era un delincuente”.
Cuando Ramírez Abadía se entregó fue sentenciado a 24 años de cárcel, pero sólo estuvo preso 4 años, esto en razón de que supuestamente habría sobornado a las autoridades para lograr su libertad. “Era un acuerdo ficticio basado en corrupción”, acotó el hombre que vestía un abrigo negro de invierno y unos guantes del mismo color.
Purpura lo interrogó sobre sus conversaciones con los fiscales federales para llegar a un acuerdo de colaboración que le podría traer una disminución de su sentencia en 5 años máximo. Ramírez Abadía está sentenciado en Brasil a 30 años de prisión y en su acuerdo de extradición el gobierno brasileño estableció como condición que su pena no podría ser mayor a 30 años, cláusula que Estados Unidos aceptó.
Ramírez Abadía se reúne con los fiscales estadounidenses desde el 1° de octubre de 2008 y, desde ese entonces, ha suministrado información al gobierno sobre los carteles colombianos y mexicanos. Chupeta fue uno de los traficantes que suministró la mayor cantidad de droga al cártel de Sinaloa, organización criminal a la que pertenece en Chapo Guzmán. Cuando el testigo explicaba sus andanzas en México y Colombia mencionó que, además del acusado, trató con la plana mayor del cártel sinaloense, haciendo referencia entre los jefes a Ismael Mayo Zambada, Jesús Rey Zambada, Nacho Coronel, Vicente Carillo Fuentes y Héctor Beltran Leyva, entre otros.
Hubo un momento en que Ramírez Abadía negó tajantemente las acusaciones hechas por Purpura, cuando este le insistió que había dicho a los fiscales que Amado Carrillo Fuentes era su compadre porque había bautizado a uno de los hijos del traficante mexicano. “Eso no es cierto”, dijo el testigo.
Explicó que no era el padrino de ninguno de los hijos de Carrillo, aunque el abogado alegó que en un encuentro con fiscales había dicho que el niño tenía 12 años y que la madre se llamaba Margaret. “Yo me la llevaba muy bien con él, de hecho era con quien mejor me la llevaba de los miembros del cártel de Sinaloa o de la Federación y tuvimos negocios juntos, pero no somos compadres”, aclaro.
Otra de las preguntas de Purpura que buscaban mostrar que Ramírez Abadía estaba engañando a los fiscales estuvo relacionada con una supuesta declaración en la que el exnarcotraficante habría dicho que en 1993 Cristina y Jorgito le había presentado al Chapo Guzmán en México, a lo que el testigo respondió: “Fue Cristina. Yo dije que fue a principios de los años noventa, ya que es imposible que haya sido en 1993, porque ese año Guzmán Loera estaba preso”.
Purpura también preguntó al testigo si había mentido en relación a la supuesta orden que le había dado la gente de Guzmán de fabricar cocaína con forma cilíndrica. Para llamar la atención del jurado la defensa mostró un fragmento de un video donde se presentaba un decomiso de droga en las latas de jalapeño, donde podían apreciarse unos kilos de cocaína cortados por la mitad. Luego, la fiscalía retomó el asunto y mostró una parte del mismo video que la defensa no había dado a conocer, donde se veían figuras cilíndricas en los paquetes que salían de las latas.
Purpura también preguntó a Ramírez si había visitado a Guzmán en la cárcel entre 1992 y 1996, a lo que el testigo respondió que “nunca ni hablé con él cuando estaba preso”. En su lugar habría hablado con el hermano del acusado, Arturo Guzmán, quien el encargado de las operaciones cuando el Chapo estaba preso.
Universidad en Miami
En la audiencia se dio a conocer que Chupeta estudió inglés en una universidad en Miami, además de economía y finanzas en una universidad de Colombia. Y aunque la defensa quería demostrar que él había hecho los submarinos que traían las drogas desde Colombia a México, el hombre aseguró que él no había participado en la construcción, puesto que no era ingeniero, sino que había creado el método nuevo para hacer los envíos.
Purpura también le preguntó al testigo si habla portugués sin acento, a lo que Chupeta respondió que sí  hablaba la lengua, pero con acento extranjero.
También le preguntó si era un líder de una industria de narcotráfico que ganaba miles de millones de dólares mintiendo, matando, corrompiendo, manipulando y que si sabía cómo beneficiarse de la información, a lo que este respondió que todo eso había ocurrido durante su vida como traficante, pero en su vida como testigo, “no, señor”.
Ramírez Abadía fue arrestado en Brasil el 1° de abril de 2007, cuando portaba una falsa identidad como Marcelo Javier Unzue, un hecho que ocurrió justo cuando se recuperaba de unas cirugías que se había practicado para cambiar su rostro. Las autoridades le confiscaron todas las propiedades y caletas de dinero que tenía ocultas en varios lugares, incluyendo una corneta de sonido.
Asimismo confiscaron una serie de documentos de identidad, cédulas y pasaportes de Venezuela, Paraguay y Argentina.
El hombre tenía un pasaporte venezolano expedido en San Cristóbal, estado Táchira, bajo el nombre de José María Valencia Orellano.
“¿Todas esas identidades eran mentiras?”, preguntó Purpura y el respondió: “Absolutamente mentira”.
— ¿Usted mintió para estar libre?, interrogó la defensa.
— Obvio, señor.
Purpura mostró varias fotografías donde Ramírez Abadía aparecía con diferentes facciones a las que el abogado del Chapo llamó disfraces. “Todas esas identidades para evitar ser extraditado a Estados Unidos, por ello usted cambio la apariencia de su cara, nariz, parte de su mentón, pómulos, trasplante de pelo, se hizo abrir más los ojos e implantes de labios. Usted que era un hombre guapo tomó su cara y la cambió dramáticamente su rostro para que no lo extraditaran”.
Chupeta respondió afirmativamente, subrayando que de no hacerlo sería capturado y él no estaba dispuesto a pasar tiempo en prisión.

Compra de políticos colombianos

El ahora testigo de la fiscalía, dijo que en 1990 había pagado entre USD 25.000 y USD 50.000,00, o más, para tener escuchas en el Congreso y que entregó USD 200.000,00 dólares a los hermanos  Rodríguez del cártel de Cali para que pagaran a políticos colombianos.

Aseguró además que pagó USD 1.000.000,00 a un congresista para que este le diera un salvoconducto.
Admitió que había pagado más de USD 500.000,00 a la campaña del expresidente colombiano, Ernesto Samper, apostando a un beneficio para el futuro.
Asimismo afirmó que cuando el Congreso de Colombia estaba discutiendo la restitución de la figura de la extradición, pagó USD 10.000.000,00 para influenciar a los congresistas para que dicha norma no fuera retroactiva.

Corrompió a la prensa

 
Los sobornos del exlíder del cártel del Norte Del Valle habrían servido también para pagar a la prensa, televisión, periódicos y que estos emitieran informaciones que no fueran perjudiciales a su persona y su organización.

Agentes de la DEA y las prostitutas

La defensa del Chapo puso sobre la mesa la supuesta corrupción de agentes de la Agencia Antinarcóticos Americana en EE. UU., al señalar que Ramírez Abadía les había ofrecido prostitutas, apartamentos y regalos, aunque aclaró que no aceptaron los sobornos en efectivo.
Ramírez Abadía comentó que las coimas a los agentes de la DEA se habían canalizado a través de la unidad SUI de la embajada de Estados Unidos en Colombia.
 

Fernando Botero

Purpura preguntó a Chupeta si entre 1990 y 2007 había visitado la galería de Arte de Guzmán y el testigo contestó negativamente.
Igualmente, el abogado le insinúo si se había montado en el “Chapito”,  lo que Ramírez negó también.
Seguidamente mostró fotos de dos obras del artista colombiano, Fernando Botero,  (“La mujer ante el espejo”), cuyo costo fue de USD 500.000,00. Asimismo, la pintura “La mujer con el lazo negro”, a un costo de USD 580.000,00. Chupeta dijo que no apoyaba al artista, sino que simplemente había comprado sus obras.
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