Juicio del Chapo: Defensa desnuda bondades del acuerdo de cooperación del testigo de la fiscalía

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La defensa de Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, intentó hoy desacreditar el testimonio del testigo Germán Rosero, un abogado colombiano que actuaba de enlace entre cárteles, cuestionando su honestidad y también su memoria.

La representación legal de Guzmán acorraló al testigo de la fiscalía, obligándolo a confesar que no ha pagado ni un día de cárcel desde que se entregó a las autoridades en junio de 2009, tras haber pertenecido al cártel del Norte del Valle y que el gobierno de los Estados Unidos no le confiscó ninguna propiedad, cuentas bancarias y dinero en efectivo que, según el abogado Eduardo Balarezo, superaban los USD 5.058.000,00.
Germán Rosero es un abogado colombiano, que fue defensor público y que luego pasó a trabajar con Juan Carlos Ramírez, alias “Chupeta”. Desde junio de 2009 colabora las autoridades estadounidenses entregando información sobre los negocios de narcotráfico de los carteles mexicanos y colombianos.
En el interrogatorio de la defensa, Balarezo sacó la declaración jurada que Rosero entregó a la fiscalía al momento de firmar su acuerdo de cooperación que incluyó varias cuentas bancarias en Estados Unidos y México, bienes inmuebles y dinero en efectivo, riquezas que nunca fueron confiscada y congeladas por las autoridades norteamericanas.
La defensa reveló al jurado que Rosero en 2009 tenía una cuenta en el Bank Of America, sucursal Balas Harbour Florida con un saldo de USD 500.000,00; otra en la sucursal de la misma institución financiera en Boca Ratón, Florida con USD15.000,00; una en Banamex con USD 30.000,00; Banco Ma de México USD 8.000.00, las cuentas en la banca mexicana estaban a nombre de Juan Manuel Organista, que era el falso nombre con que se identificaba en México.
Balarezo también mostró al jurado una hoja donde Rosero decía tenía en efectivo USD 550.000,00.
— ¿Usted no entregó ese dinero? ¿Usted hizo con ese dinero lo que quiso porque el gobierno no se lo congeló?
— Sí —respondió el testigo.
Rosero tenía varias propiedades inmobiliarias, una de ellas era una casa en Guadalajara, la cual está valorada en USD 400.000,00; otra residencia en Colima que costaba USD 180.000,00; un apartamento en Puerto Vallarta a un costo de USD 430.000,00. Asimismo, en Colombia, en la ciudad de Calí, poseía una que costaba USD 200.000,00. Ninguna de estas propiedades les fue confiscada. La fecha de la declaración jurada es julio de 2008.
Balarezo destacó que luego que se declaró culpable en 2009, apenas pagó a la fiscalía USD 100.000,00 y jamás entregó los documentos de propiedad.
Del mismo modo, el testigo contestó afirmativamente cuando el defensor de Guzmán le preguntó si había vendido las propiedades en México por un monto de USD 1.500.000,00 y si había enviado ese dinero mediante transferencias desde México a Colombia a nombre de su esposa.
— ¿Usted no reveló esas transferencias a la fiscalía? —inquirió el abogado.
El abogado también cuestionó a Rosero por dos vehículos Toyota (Sienna y Land Cruiser) y una motocicleta BMW.
— ¿Usted se quedó con ellos? ¿Compró nuevos carros?
— Sí —dijo el hombre.
Líos de faldas con el sobrino de Pablo Escobar
En el contrainterrogatorio de la defensa del Chapo Guzmán, salió a relucir que cuando Germán Rosero era joven, había tenido un lío de faldas con otro narcotraficante colombiano llamado Juan Carlos Ortiz Escobar, alias “Cuchilla”, quien es sobrino de célebre capo Pablo Escobar, líder del cártel de Medellín, quien está cumpliendo 25 años fallecido.
Balarezo preguntó si “Cuchilla” lo había querido matar [al testigo] porque le gustó Claudia Bedoya, a lo que Rosero respondió que no, que él tenía una novia, Ana Agudelo, y que luego de que ambos habían terminado su relación con ella, la joven había empezado una relación con Cuchilla, quien estaba celoso.
“¿Ese no es un cuento que se inventó usted?”, preguntó Balarezo a lo que el exnarcotraficante  respondió que estaba celoso, pero que él se fue de Cali a Bogotá. Comentó que no sabía que Cuchilla lo había mandado matar por otras razones distintas a la de su trabajo como abogado público.
Testaferro de Chupeta
El agresivo abogado del Chapo Guzmán preguntó a Rosero si era el testaferro de Juan Carlos Ramírez Abadía y esto lo negó rotundamente.
— ¿Entonces usted trabajaba para Chupeta como pagador de sobornos a funcionarios del gobierno, policías de la prisión, senadores, representantes?
Respondió que sí había pagado coimas por órdenes del exlíder del cártel del Norte del Valle cuando estaba en prisión en 1996.
Las “putas”
Seguidamente, Balarezo le consultó acerca de si el pago de sobornos estaba destinado a asegurarle a Chupeta mejor calidad de vida en la cárcel.
— ¿Le tenía que llevar alcohol, buena comida, y “putas” a la prisión?
El testigo respondió que personalmente no llevó alcohol y que había sobornado a los oficiales para que Ramírez Abadía recibiera visitas especiales, entre quienes se encontraban dos o tres parejas permanentes a quienes se les permitía permanecer en el lugar por más tiempo, “esas tres parejas no eran prostitutas” aclaró Rosero.
Sobornos a congresistas
Rosero admitió haber pagado a cada uno de los senadores colombianos USD 100.000,00 y a los representantes USD 42.000.00 para que aprobaran la figura de la extradición sin retroactividad, de tal manera que los narcos que estaban en proceso se beneficiaran de la norma.
El testigo sostuvo que los pagos se hacían desde una habitación de un hotel que alquilaba para recibir a los legisladores que buscaban sus coimas en sobres. “Fueron como 5 o 6 millones”.
Secuestro ordenado por el Chapo
Durante el interrogatorio de la fiscalía, Germán Rosero confirmó que  en ciudad de México ‘el Chapo’ Guzmán había ordenado el secuestro de dos hombre del cártel del Norte del Valle liderado por Juan Carlos Ramírez Aladía. “Por un error del ‘Gordo’ ordenaron el secuestro de Juan Carlos Ortiz Escobar ‘Cuchilla’ y de Sergio Ramírez ‘Pechuga’.
Encuentros con Guzmán
Rosero informó al jurado que se había reunido con el acusado  7 ó 8 veces. A finales de febrero de 2002 fue a verlo en una casa finca en Culiacán y que ese encuentro se había dado gracias a los oficios de Alfredo Vasquez que era uno de los hombres de Guzmán. Comentó que desconocía si esa propiedad donde se reunieron era del Chapo.
Ese rancho con una puerta de madera muy bonita se encuentra en las montañas, en la sierra en el llamado “Triángulo dorado”, conformado por los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua y la reunión fue en una palapa, término usado para describir a una enramada.
El testigo afirmó que para aquel tiempo el Chapo estaba vestido con ropa normal y una gorra de béisbol y que su gente estaba armadas con fusiles AK-47 y pistolas.
Comentó que él estaba cumpliendo una orden de Sergio Ramírez y Juan Carlos Ramírez para que hablara de envíos de cocaína y le dijeron que Guzmán era muy efectivo en el transporte de drogas desde México a Estados Unidos. Rosero dijo que le había comunicado al acusado que querían enviar unos 2 mil kilos de cocaína por lanchas rápidas y que la droga fuera recibida en la playa.
Acotó que en ese momento, se había ordenado desde Colombia que la droga del cártel del Norte del Valle solo fuera llevada a México y no Estados Unidos “Solo hablamos de la intención y que luego haríamos el envío”.
Hubo otras reuniones y conversaciones teléfonos con Guzmán y contó que luego se habían mandado exitosamente algunos de los cargamentos. En julio de 2002 llegó exitosamente la droga a México.
Rosero alias “Barbas” aseguró que una de esas ocasiones  que se juntó con Guzmán fue en el rancho de los hermanos Beltrán Leyva. En ocasiones el acusado vestía traje camuflado.
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