Hasta siempre Alan García

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Por diferentes razones, para muchos Alan García es un símbolo definido de la política y un admirable ejemplo de cómo deben hacerse las cosas. Su final no puede, en lo absoluto, nublar lo que fue una vida dedicada a transformar a su país, y construida sobre la base de aciertos y errores que, sin lugar a dudas, le darán sitial preponderante en la historia mundial.

La noticia que sorprendió al mundo el pasado miércoles 17 de abril anunciando su fallecimiento (producto de las heridas que se había provocado al dispararse en la cabeza, cuando un contingente policial quiso detenerlo, acusándolo de corrupción), obliga a realizar un balance de su obra y a determinar el proceder del que puede decirse que fue el heredero práctico del flamante Víctor Raúl Haya de la Torre, cuya esencia aprista sigue impregnando el espíritu de los que anhelan mejores sociedades.

Alan García llegó muy joven a la presidencia, debiendo suceder al experimentado político y arquitecto Fernando Belaunde Terry. Lamentablemente, la inexperiencia y el ímpetu al momento de llevar adelante una serie de medidas controversiales e inadecuadas, unido a la violencia terrorista y a una catastrófica crisis económica, marcó su gestión, dejando al país en condiciones precarias y muy delicadas que abrieron el boquete para el surgimiento de la antipolítica y la llegada -por elecciones- de un gobierno que migró a una tétrica y asesina dictadura.

Luego de salir del gobierno, haber asumido brevemente como senador vitalicio y posteriormente haber tenido que marchar al exilio, al otorgarle Colombia el asilo, la vida pareció darle otra oportunidad y una vez regresó la democracia compitió, siendo derrotado en la segunda vuelta presidencial por Alejandro Toledo. Sin embargo, cinco años después tuvo ocasión de aspirar nuevamente a la primera magistratura y ante el temor del populismo de su adversario, logró revertir los resultados de la primera ronda y triunfar en segunda instancia, demostrando una enorme madurez que llevó a respetar íntegramente la propiedad privada, evidenciar un gran crecimiento económico y plantear iniciativas importantes como la Alianza del Pacífico.

Obviamente, cometió errores, siendo los más relevantes el intento infructuoso de alcanzar un nuevo mandato -en una interesante alianza entre su tolda y el histórico Partido Popular Cristiano que no pasó de un exiguo porcentaje- y la crítica por la poca renovación dentro de su partido. Sin embargo, fueron más sus aciertos. Su capacidad de entender y adaptarse a los nuevos tiempos es motivo suficiente para considerarlo ejemplo de multitudes y para recordarlo como un político que fue líder y al que su país y la región le deben mucho.

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