Fuera Ortega

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Nicaragua está en la cintura de Centroamérica. Posee costas al Pacífico y al mar Caribe. Destacan en su geografía dos lagos de agua dulce gigantes. En su territorio de apenas 130 mil Km2, hay más de 50 estructuras volcánicas, pero solo ocho están activas, esto lo convierte en un país altamente explosivo.

Quiero que imagines el sonido de los ocho volcanes tirando lava: es tanta que llega hasta tu país. Eso es lo que está pasando en Nicaragua, somos seis millones de habitantes y casi el 70 % de la población está determinada a derribar al Gobierno de Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, tanto que la encuesta de CID GALLUP realizada entre el 5 y el 15 de Mayo reflejó que el 69% de la población desea que el mandatario renuncie.

La proeza social ha tenido tintes épicos pero también se ha teñido de mucha sangre y dolor. Van 41 días de insurrección, y lo que empezó como una protesta pacífica el 18 de abril, por los incrementos en las cotizaciones del seguro social, se transformó en pocas horas en un escenario de asesinatos hacia estudiantes por parte del gobierno, y en represión sin límites hacia el resto de la población. Estos días han provocado que los “nicas” den lo mejor de sí mismos, pero del otro lado, también se ha visto el lado perverso del ser humano. A pocas horas de iniciadas las protestas el grito unánime se transformó en un “FUERA ORTEGA”.

La represión desmedida terminó por revelar la cara del gobierno Ortega Murillo, u ORMU, según la abreviatura que se ha asignado a la temible pareja presidencial. También provocó que la población vomitara el enojo e indignación que venía acumulando por casi 12 años de gobierno, atestiguando la impunidad, la corrupción, el secretismo, la censura y el cinismo de un estado acaparado por la pareja y sus siete hijos, más sus incondicionales, quienes han destruido la independencia de poderes, han creado empresas en cada rubro de negocio, han comprado las voluntades, y desarticulado partidos políticos de oposición y movimientos sociales independientes, entre otros señalamientos.

La insurrección iniciada por estudiantes universitarios dejó en los primeros cuatro días un saldo de 32 asesinados por balas en la cabeza, cuello y pecho. Esto generó el apoyo inmediato de todos los sectores del país, empresa privada, gremios de productores, iglesia, sociedad civil, y población en general. También se sumó el apoyo de los campesinos, quienes venían librando desde hace tres años y medio una batalla contra la construcción del canal interoceánico, proyecto que aún les amenaza con expropiar sus tierras. Cabe resaltar que los campesinos llevan años siendo agredidos y asesinados.

Al cierre de este escrito, el reporte preliminar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), sobre estos días de protestas, indica que hay 76 muertos, 868 heridos y hubo 438 detenidos. Este informe no hizo mención de los 80 desaparecidos.

La fuerza de la manifestación ciudadana desde el inicio ha consistido en realizar marchas y cientos de plantones en todo el país, concentrándose principalmente en la capital Managua, Masaya, Matagalpa, Estelí y León. Esto combinado con el levantamiento de tranques en las carreteras del país por parte de los campesinos y la instalación de barricadas dentro de las ciudades por parte de los ciudadanos, igualmente con la “toma” de los recintos universitarios públicos (que se han convertido en los estandartes de la protesta) por parte de los estudiantes. Todo este movimiento social espontáneo, sin líderes políticos, se llama Movimiento Auto- Convocado.

Para el gobierno de Ortega ha sido un duro revés, considerando el control total que ejercía sobre los ciudadanos. Para ejemplificar con algo obvio, eliminó el derecho a manifestarse en las vías públicas, mientras los ciudadanos observaban como él se apoderaba de las principales calles para hacer sus actos políticos, decorar a su antojo con los árboles de la vida (140 estructuras de metal de 15 a 20 metros de alto, decoradas con luces de colores y ubicadas en toda Managua, que han sido el blanco de la ira de los ciudadanos durante las recientes protestas) y colocar a sus funcionarios cada cierto tiempo agitando banderines para demostrarle apoyo.

Cortesía Jorge Mejía Peralta

En cuanto a perder los recintos universitarios también ha sido un duro golpe ya que los estudiantes expulsaron a la organización orteguista UNEN, que ha existido desde 1980 y actualmente está compuesta por dirigentes eternos a sueldo, que extorsionan a los alumnos, condicionándoles las becas, entre otros señalamientos.

Es también claro que ahora hay simpatizantes de su partido dándole la espalda, lo que significa un hecho sin precedente. También se rumora de policías que se han negado a seguir reprimiendo.

Pero lo más duro para ORMU ha sido aceptar sentarse a dialogar con la representación de la sociedad civil, de la que tuvo que escuchar frontalmente y de manera enfática la petición para que abandone el gobierno. Esta mesa de diálogo está compuesta por ciudadanos notables de distintos sectores y por los líderes estudiantiles del nuevo Movimiento 19 de Abril (M-19), denominado en recuerdo de la fecha en la que se inició la masacre. Por parte del gobierno están sus incondicionales, también de distintos sectores políticos y económicos.

Aunque ha habido tres sesiones de diálogo, no se ha avanzado en nada. Las peticiones de la oposición incluyen la salida de Ortega de manera inmediata o mediante adelanto de elecciones, así como también la democratización del país, pero el grupo oficialista no quiere ceder en ninguna demanda y se concentra en repetir continuamente que el problema son los tranques en las carreteras. Tampoco aceptan que ejercen represión, ni que los muertos son su responsabilidad.

La actitud inconsistente del gobierno ORMU se ha impuesto durante todos estos días de insurrección ciudadana. De forma simultánea, mientras están en el diálogo también están atacando en los tranques. Para estas acciones utiliza a la policía y a fuerzas parapoliciales conformadas por grupos delictivos. Esto significa un gran problema para el país, porque ahora estos grupos cuentan con las condiciones y la impunidad para que actúen a sus anchas, entonces también han cometido actos vandálicos como saqueos, destrucción de propiedad privada, asaltos, etc. Además, ORMU también ha utilizado en las redes sociales el arma de la desinformación para confundir y crear pánico, ha enviado comida y agua envenenada a los universitarios y ha destruido símbolos religiosos que son muy importantes para el pueblo católico.

En el campo de los manifestantes la protesta ha sido principalmente una rebelión pacífica. Cuando ha habido vandalismo la población ha enmendado, defendido y protegido. Los atrincherados tienen por armas la valentía, las barricadas, las piedras, morteros, los cocteles molotov, insumos de primeros auxilios, las manos de los médicos solidarios y la comida que aporta la población. En el campo de los marchistas son banderas, pitos, las consignas recuperadas, aquellas que habían sido secuestradas por el orteguismo, el derribo de los árboles de la vida y las vallas publicitarias del gobierno, las brochas y las latas de pintura, también son las candelas y las cruces que la gente instala en las calles para tener presente a los muertos. Quizá el arma más poderosa es el gran frente unido y la ética con que el pueblo ha actuado, tanto que se ha llamado a este evento social “la revolución moral”.

Como nicaragüense, igual que todos y todas, soy sobreviviente de dos guerras, la de 1979 y la comprendida entre 1981 y 1989. Ambas dejaron más de 70 mil muertos. A mi generación le tocó enterrar hermanos y compañeros de colegio. Dicen los analistas que esta insurrección es una continuación de esas dos anteriores. Lo único que sabemos actualmente es que no queremos más guerras porque esas heridas todavía duelen.

Cuando tus derechos humanos están vulnerados aprendes a andar en puntillas. Así nos sentimos desde adentro: con una necesidad volcánica de cambiar la política del país, pero sabiendo que se aproximan tiempos difíciles. La revuelta social también va a cobrarnos entre paisanos. Tenemos incertidumbre. ¿Estamos solos? ¿Hay algún mecanismo internacional posible para reducir la represión y forzar el cambio democrático? No. Las colas en migración para obtener visas de salida y pasaporte son enormes, estos días me he preguntado cuándo es el momento en que uno dice “ahora sí, ¡hay que huir del país!”. Pero, ¿quiero irme como inmigrante? No. Quiero vivir en mi país pero no a costa de agachar mi cabeza y aceptar una dictadura.

 

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1 Comentario
  1. […] Gracias de antemano por su lectura a mi artículo que pueden seguir en el siguiente link: ARTÍCULO FUERA ORTEGA […]

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