Feminicidio, familia y sociedad

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La República Dominicana, igual que otros países de la región, ocupa lugares importantes en los aumentos de los feminicidios. Así lo revela el informe Del Compromiso a la Acción: Política para erradicar la violencia contra las mujeres en América Latina y el Caribe, dado a conocer por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y otras entidades que trabajan con el tema.

El feminicidio es un crimen de odio: el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer”.  Es un flagelo social que ha ido en aumento en los últimos tiempos y que afecta a numerosas familias en muchos países, sobre todo aquellos con bajos índices de desarrollo y desigualdades sociales profundas. Las raíces de este flagelo social son profundas y multifactoriales.

La construcción de patrones sexistas, el machismo, la pobreza, la desintegración del núcleo familiar, la violencia exhibida a través de los mensajes publicitarios, mensajes servidos a través de la música que desvalorizan y estigmatizan a la mujer como objeto sexual, son solo algunas de las causas que dan lugar este fenómeno.

Es importante destacar, que en la lucha por encontrar las causas y soluciones para atacar este mal social, se debe trabajar con la educación de los sujetos materiales de estos hechos bochornosos que llenan cada vez más a la sociedad de impotencia y dolor. No basta solamente con la promoción de mensajes publicitarios, programas dirigidos a las mujeres, cuando el actor más importante de esta novela dantesca está fuera de los mismos o tiene poca participación en la solución de este drama social.

Ofrecer estadísticas que son inversamente proporcionales a los resultados que espera la población en la materia, es un acto irresponsable por parte de las autoridades encargadas, que lo que deben sentir es vergüenza cada vez que una mujer cae víctima de feminicidio.

En inútil anunciar programas a través de los medios masivos que en la práctica se quedan en discursos huecos, cuando lo que deben hacer las instituciones encargadas de proteger a las mujeres que padecen violencia es tomar las denuncias como medio preventivo, antes de que se materialicen los hechos, para no seguir agregándole más números a esta lista infame.

A ello se les suma la falta de auxilio por parte de los gobiernos para dar seguimiento a la estela de traumas que ocasiona la pérdida de mujeres que en algunos casos son cabeza de familia. Con ello el tejido familiar está siendo sacudido con mucha fuerza: madres que pierden a sus hijas en esta lucha, hijos que quedan huérfanos y traumados por no entender los hechos y la sociedad lacerada e impotente ante este tragedia.

Cuando se dejen de dar estadísticas y números fríos, y se promuevan iniciativas reales, medidas posibles y alcanzables, programas inclusivos para atender al núcleo familiar y a la sociedad, estaremos frente a la solución de este monstruo gigante de siete cabezas, que ha llegado para llenar de miedo, sembrar dolor y desesperanza en la sociedad.

¡Ni una menos…!

 

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