Estirpe española

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Alfredo Pérez Rubalcaba es, sin lugar a dudas, uno de esos políticos que da de qué hablar por una trayectoria que lo llevó a ocupar muchos espacios y a aspirar la presidencia de gobierno de España, encabezando la opción del Partido Socialista Obrero Español que en 2011 fue derrotada por el Partido Popular de Mariano Rajoy. Su figura fue la de un hombre íntegro, comprometido con sus ideales y tranquilo en su proceder, al punto que al decidir abandonar la vida política retomó con sencillez sus actividades académicas como profesor de química en la Universidad Complutense de Madrid.

 

Es preciso dedicar algunas líneas a recordar la figura del dirigente socialista recientemente fallecido, siendo prudente detenerse en uno de los homenajes que le hicieron para entender cómo la acción política encierra mucho de humanidad, difiriendo entonces de los intentos ruines que aplican algunos al intentar avasallar, aniquilar y exterminar a todo aquel que piense diferente.

 

Emociona leer el escrito de Mariano Rajoy sobre Pérez Rubalcaba, pues no es una pieza que se refiere al fenómeno político español, sino que busca al Rubalcaba con perfil humano, al hombre con quien si bien pudo discrepar en la forma como debía manejarse al Estado español, lo reconoce como un baluarte de la decencia y del respeto. Le halaga el expresidente de gobierno su carrera política y sus convicciones. Incluso circulan imágenes de Pérez Rubalcaba saludando con efusividad a Rajoy, cuando el dirigente popular logró los apoyos para hacer gobierno. En la foto hay madurez y responsabilidad de país.

 

Más allá del justo reconocimiento a Pérez Rubalcaba, la acción de Rajoy es la evidencia de que la política puede ejercerse con el respeto a las discrepancias, pudiendo trascender a otros terrenos y entendiendo que la democracia, ante todo, debe ser el escenario donde las diferencias se diriman y se dejen de lado cuando se trata de enaltecer a una persona. Cuando los países alcanzan esos niveles pueden celebrar con satisfacción que el entendimiento y el progreso se han establecido.

Don Alfredo Pérez Rubalcaba descansará en paz. Sus adversarios le reconocen de forma gallarda el temple que tuvo y enaltecen su desempeño a favor del cese de la violencia en España. De igual manera, el político socialista quedará en la historia por haber colaborado en la construcción de un país en el que los contrarios son percibidos como diferentes y no como enemigos. No pudo llegar a encabezar el gobierno, pues las ansias de cambio y el desgaste del liderazgo de su partido le pasaron factura. De todas maneras, eso es irrelevante, pues sencillamente, más que político, fue un hombre bueno.

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