Entre pobreza y prostitución: así se sobrevive en las calles de La Guajira colombiana

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Cuando cae la noche, unas 12 jovencitas venezolanas se pasean por el bulevar de Ríohacha en busca de hombres que paguen por sus servicios. Sofía y Patricia, como prefieren ser llamadas, forman parte del grupo que ahora se dedican a vender su cuerpo para enviar dinero a sus familias.

Esta zona colombiana con salida al mar se encuentra a unas dos horas del Zulia, el quinto estado más extenso de Venezuela,  (ubicado en el extremo noroeste y limitando al norte con el Mar Caribe) y cuenta con unos 300 mil habitantes, la mayoría de la étnia indígena Wayu.

Es una zona turística, pero con muchas dificultades que ahora se le suma la constante llegada de venezolanos. Algunos trabajan, otros están en las calles viviendo de limosna y una parte también se dedica al oficio más viejo del mundo: la prostitución.

En una “buena noche” pueden obtener 150 mil pesos que pueden representar alrededor de 50 dólares. Esta fue una de las razones que convenció a Sofía, de 18 años, y a Patricia, de 22 años; la primera proveniente de Valencia, la segunda del Zulia.

El problema es que para Sofia, madre de un pequeño de un año de edad, era es la primera vez que decidía vender su cuerpo.

A diferencia de Patricia, también madre, pero de cuatro hijos de los cuales solo uno de ellos vive con ella en Colombia, los nervios y las lágrimas en el rostro de Sofia corrían sin cesar esa noche.

“Yo quiero estudiar y no estar en esto”, comentaba desconsolada.

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