El voto como solución

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La historia de la República Democrática del Congo está plagada de dramatismo y sombras, pero luego de angustias, resquemores y desolación, el panorama parece empezar a aclarar para la adolorida nación, producto de un proceso electoral en el que más allá de las denuncias, triunfó la alternativa opositora encabezada por Félix Tshisekedi de la Unión para la Democracia y el Progreso Social. De todas maneras, el también opositor Martin Fayulu ha pedido un reconteo.

El legado del país es doloroso, pues después de independizarse y dejar de ser un territorio administrado directamente por la monarquía belga, asumió el gobierno de la naciente república el emblemático dirigente Patricio Lumumba. Sin embargo, los revanchismos y las mezquindades se impusieron, derrocando al líder, asesinándolo e instaurándose una criminal y corrupta dictadura.

Mobutu Sese Seko instauró una tétrica tiranía militar, que incluso cambió el nombre del país a Zaire, erigiéndose como el dueño de todo lo que se generaba y ofreciendo el país como vitrina de actividades deportivas y culturales que trataban de matizar el caos y la desolación. Treinta años después, luego de décadas de guerra civil y conflicto, el tirano huyó, siendo sustituido por Laurent-Désiré Kabila, quien inmediatamente generó expectativas favorables que permitían soñar mejores eras.

Sin embargo, la situación en la renombrada República Democrática del Congo no mejoró, transformándose Kabila en otro dictador que tuvo que afrontar una guerra civil en la que se violaron los derechos humanos a granel. En medio de la refriega, fue asesinado por un guardaespaldas, asumiendo su hijo Joseph, quien profundizó la represión y el miedo.

A los males se agregan las constantes epidemias de cólera y ébola que hacen atroz la supervivencia en el país africano, motivo por el cual se hacía imprescindible un viraje político, por lo que tanto la oposición como la comunidad internacional, se empeñaron en la exigencia de elecciones libres y transparentes.

De esta manera, pese a su reticencia, Joseph Kabila tuvo que aceptar el llamado a comicios que dieron el triunfo al abanderado opositor, ubicándose el candidato oficialista en un lejano tercer lugar. Al final, puede ser el inicio de un horizonte de esperanza, dejando una lección para los que no creen en el voto como camino, pues pudo más el sufragio que cualquier aventura.

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