El tropicalismo brasileño

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Decir que Brasil es un país tropical remite inexorablemente a la canción de Sergio Mendes, que años después de estrenada, sigue siendo colocada regularmente en emisoras del mundo. Sin embargo, la realidad del llamado gigante suramericano va más allá de la movida melodía del intérprete, pues lo que se está mostrando en la coyuntura política es un camino movido y muy poco claro que puede llevar a que cualquier cosa ocurra.

En este momento, aunque todavía existe la prohibición de que participe en los comicios, los sondeos de opinión dan ventaja al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, ubicando en el segundo lugar al polémico Jair Bolsonaro. Mientras tanto, las candidaturas de Marina Silva y Geraldo Alckmin no terminan de arrancar, lo que podría llevar al peligroso escenario de poner a la ciudadanía a elegir entre Lula da Silva y Bolsonaro.

El punto se torna mucho más delicado cuando las encuestas reflejan que si Lula no es candidato, su compañero de fórmula, Fernando Haddad no captaría todos los votos del expresidente, en una comprobación más de la máxima que establece que los votos no se endosan. Por su parte, Bolsonaro se ha caracterizado por sus halagos a la tétrica dictadura militar que castigó su país, llegando al extremo de dedicar su voto favorable en el juicio político que se siguió en la Cámara de Diputados contra la presidente Rousseff, al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los más perversos torturadores de la dictadura.

Tener que decidir entre una persona acusada de hechos de corrupción y de haber eliminado la institucionalidad de entes como el Ministerio de Relaciones Exteriores y otra que abiertamente se ufana de exaltar un proceso oscuro y miserable, es dramático. Lamentablemente, lo poco exitoso de la gestión del presidente Temer, compañero de fórmula de la destituida Rousseff, y la incapacidad de los partidos para ofrecer alternativas sólidas, conspiran contra la estabilidad del país. Aunado a ello, una figura como José Serra, hombre con experiencia y capacidad de consenso, se ha alejado de la política, entre otras razones, por problemas de salud.

A dos meses de las elecciones de Brasil, cualquier cosa puede pasar. Por lo pronto, el país se mueve en aguas turbulentas que podrían sentarlo nuevamente en épocas de inestabilidad y desorden que harían retroceder después de haber alcanzado importantes niveles de equidad. La tarea de los ciudadanos es pensar bien el voto. Al momento, escoger entre el corrupto y el extremista, es verdaderamente macabro.

luis.daniel.alvarez.v@gmail.com

@luisdalvarezva

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