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El Sumak Kawsay del Siglo XXI

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Diversidad geográfica y cultural. – 1) Fiyi; 2) Colombia; 3) Filipinas; 4) México; 5) Vietnam; 6) Kazajistán; 7) Papúa Nueva Guinea; 8) Indonesia; 9) India; 10) Países Bajos-Argentina (empatados). Esta es la lista (2018) de los 10 países más felices del mundo, de acuerdo con la firma Gallup International.

Dichos lugares fueron identificados y seleccionados por ser “regiones donde existen sectores de crecimiento más fáciles para los jóvenes, en los cuales se obtienen mayores ingresos y un título universitario”. En esta lista, coinciden idiomas y latitudes, pero contrastan maneras de relacionarse y de concebir el mundo. Son cosmogonías y estructuras organizativas diferentes, que comparten algo en común: “la felicidad

Por su parte, esa misma lista da cuenta de su antítesis: la infelicidad. Los países más infelices del mundo, según dicha firma son: 1) Irán; 2) Iraq; 3) Ucrania; 4) Grecia; 5) Moldavia; 6) Brasil; 7) Hong Kong; 8) Sudáfrica; 9) Turquía y 10) Ghana.

Pero ¿qué es la felicidad o infelicidad para esos países? ¿Cómo pudiera entenderse que países tan cercanos geográfica y hasta culturalmente (Brasil-Argentina), sean tan dispares en cuanto a percepción y proyección del mundo? Para responder esas preguntas, aparece en el radar el concepto de Sumak Kawsay.

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Génesis.- Aunque Sumak Kawsay es una expresión milenaria, utilizada por los indígenas de los Andes latinoamericanos desde tiempos inmemoriales para referirse a “vivir en plenitud o vivir bien”, desde finales de los noventa dicha expresión comienza a plantearse como una propuesta política que busca el “bien común” y la responsabilidad social a partir de su relación con la madre tierra y la relación armónica entre el ser humano y su entorno.

Este planteamiento de “buen vivir”, incorporado en la Constitución de Ecuador (2008) y la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia (2009), es básicamente una crítica al actual sistema de desarrollo, basado en una visión del hombre como productor-extractor de materia prima -convertida posteriormente en mercancía- y distribuidor de la misma, generando en su camino la destrucción sistemática de la naturaleza.

En su significado quechua original, sumak hace referencia a la realización ideal y hermosa del planeta, mientras que kawsay significa “vida”, una vida digna, en plenitud. Sin duda, la referencia a un mejor vivir, pleno, armónico, saludable y duradero entre la comunidad, la familia, la naturaleza y el cosmos suena fascinante y esperanzador.

Sin embargo, ¿es materializable esto en pleno Siglo XXI, en un mundo cada vez más industrializado, desigual y en permanente búsqueda de la innovación tecnológica y el emprendimiento? ¿Son compatibles el progreso o el desarrollo y el buen vivir? ¿Son necesariamente incompatibles dichos términos?

TODOS los países de la mencionada lista, cuyo índice de felicidad fue alto, poseen estructuras capitalistas de desarrollo, basados en economías de mercado y en el intercambio de bienes y servicios, nociones que chocan notablemente con la idea de un vivir armónico y en complementariedad con la naturaleza.

Por su parte, la mayoría de los países calificados como “menos felices” comparten como principales características homogeneizadoras la vivencia actual o reciente de un conflicto armado, ya sea étnico, religioso, político, restricción de derechos y libertades, entre otras.

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Esta idea de plena convivencia del ser humano y su entorno, respetándose y protegiéndose el uno al otro, fue planteada en un tiempo y escenario complemente diferente y lejano a nuestra realidad hoy día: una sociedad de consumo desmesurado, depredadora del medio ambiente y cada vez más automatizada.

Disonancia.- ¿Cómo sería una sociedad Suma Churaña, Suma Katukaña (saber dar, saber recibir) en un mundo digitalizado, con altas emisiones de dióxido de carbono producto de la industrialización, con el derretimiento de glaciares, que además de generar la reubicación -o incluso muerte y extinción- de los animales árticos, produciría el significativo aumento de los niveles del mar y por ende, la destrucción y hundimiento de islas, islotes y archipiélagos donde el propio ser humano hace vida?

Se habla muy estoicamente de los efectos del cambio climático y las críticas hacia los países y sociedades que propician o ayudan al mismo (prácticamente todo el planeta), pero no se plantean cuestiones trascendentales de la calidad de vida del hombre y la mujer en la Tierra.

¿Está dispuesto el mundo a disminuir significativamente su consumo de agua y evitar que este vital recurso desaparezca definitivamente, y con él, toda la humanidad? Esto significaría no más largas duchas, no más jardines resplandecientes y recién regados, no más autos lavados.

¿Está dispuesta la población mundial a dejar de pescar y consumir productos del mar por un período de tiempo, para que así se establezca un protocolo que permita su recuperación? Esto significaría no más lujosos ni exóticos platos.

¿Están dispuestas las naciones y poderosas corporaciones a abandonar el lucrativo negocio de las armas y el financiamiento de guerras, para que el mundo sea un lugar mejor, sin conflictos, donde niños, jóvenes y ancianos no tengan miedo de que un misil pueda ingresar a sus hogares y les arrebate todo por lo que han luchado?

Personalmente, creo que hoy, la respuesta a todas esas preguntas es NO. Irónicamente, muchas de las naciones que firman protocolos de protección del medio ambiente -como el de Kioto por poner un ejemplo- firman a su vez acuerdos comerciales depredadores y financian conflictos armados o surten de armamento a otros países.

El ser humano hoy en día, es el ser más protector del medio ambiente y con conciencia plena de su proceder y consecuencias, pero en las redes sociales, en las fotos, prácticamente por mero discurso social o convencionalismo. Decir lo contrario hoy en día es quedar estigmatizado socialmente. Pero más allá de la foto y del discurso, ¿entiende el ser humano todo lo que debe hacer para conservar su existencia y las consecuencias en su quehacer práctico?

Sin duda el hecho de que estos temas estén en voga desde hace un tiempo para atrás es un paso en la dirección correcta. La preocupación es que el tratamiento a este tema tan fundamental para el planeta en general y su supervivencia, es que queden en papeles, acuerdos, redes sociales y convenciones mundiales, y no en una verdadera internalización de la importancia de tomar cartas en el asunto de forma privada, uno a uno, cada ciudadano.

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Armonía existencial.- La necesidad de crear un nuevo modo de vida es inminente, pero es un cambio cultural y generacional. No se llega a él de un día al otro. No se trata de una batalla que libren unos pocos ingenuos e idealistas puritanos, sino de la conciencia plena de la humanidad en su conjunto. Es entender que los estándares de calidad de vida tendrán que cambiar, y por ende las expectativas y visión de mundo.

Preservar la Madre Tierra implica no sólo protegernos a nosotros como especie y la de todos los seres vivos existentes, sino también reconocer el derecho de goce de las próximas generaciones, tal y como lo establecen los “derechos de tercera generación” de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas.

El ser humano tendrá entonces que Suma Lupiña (saber meditar) sobre su rol: depredador o salvador; tendrá que Ist Aña (saber escuchar) a su entorno, la naturaleza que pide a gritos un cambio estructural de la producción y del consumo, y de esta manera el Sumak Kawsay se instale en nuestros imaginarios y realidades para siempre.

1 Comentario
  1. Gustavo ortiz figueroa Dice

    Excelente hija mía y con muchas razones q la globalización está depredando el planeta sin meditar ni pensar en los próximos habitantes de este globo terráqueo en te felicito por tan buen artículo chao y cuidate

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