El asesinato de un niño gay

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El pasado mes de junio, finalmente hubo sentencia en el horrendo crimen del niño Gabriel Fernández, que estremeció a Estados Unidos: cadena perpetua para su madre y pena de muerte para su padrastro. Ambos fueron hallados culpables de su muerte, tras someterlo a toda clase de torturas y maltratos. ¿La razón? Pensaban que era gay.

La pareja abusó severamente de Gabriel durante los meses previos a la muerte del niño, el 22 de mayo de 2013, en el área de Palmdale, al norte de Los Ángeles.

Gabriel sufrió numerosas lesiones, incluyendo una fractura de cráneo, 12 costillas rotas y quemaduras, según dijeron los fiscales. El niño también había sido obligado a comer heces de gato, y dormía atado y amordazado dentro de un pequeño armario.

Los hechos

El fatal 22 de mayo del 2013, las autoridades respondieron a una llamada en la que indicaban que el menor no respiraba. Cuando llegaron a asistirlo encontraron a Gabriel con el cráneo fracturado y otros evidentes signos de tortura. Tenía apenas ocho años.

Pearl Sinthia Fernández, de 35 años, madre del pequeño, fue sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional; mientras su pareja, Isauro Aguirre, de 37 años, fue sentenciado a muerte por el juez de la Corte Superior del condado de Los Angeles, George Lomeli.

Luego de la sentencia, indicaron medios locales, el juez Lomeli calificó el crimen como “horrendo, inhumano y peor que el demonio”. “Espero que piense sobre el dolor que causó a este niño y que te torture”, dijo Lomeli. “Rara vez digo eso”.

Durante el juicio, la Fiscalía aseguró que Aguirre, de 6,2 pies (1.88 metros) de estatura y 270 libras de peso (122,5 kilos), golpeó, pateó y quemó al niño hasta llevarlo a la muerte porque pensaba que era homosexual.

Un gran jurado que deliberó previamente sobre el caso, encontró que Gabriel había sufrido abuso físico durante al menos ocho meses y que se habían presentado más de 50 reportes telefónicos a los trabajadores sociales para denunciar indicios de los abusos.

Las trabajadoras sociales Stefanie Rodríguez y Patricia Clement, al igual que dos supervisores, Kevin Bom y Gregory Merritt, fueron despedidos de sus empleos a raíz del caso y acusados posteriormente de abuso infantil y falsificación de registros.

A raíz de este caso, en marzo pasado se lanzó la propuesta “Ley de Gabriel” para crear “un sistema de reporte sobre los estudiantes, accesible a todas las agencias que tienen que ver con el cuidado y la protección de los niños”, buscando que un legislador la acoja y la promueva.

Nuestra opinión

La homofobia mata. La homofobia asesina. Y asesina niños. Lo sigue haciendo en pleno siglo XXI y en uno de los países más libres del mundo. Eso para no hablar de otros mil veces más rezagados en estos temas. En ellos, el horror es silencioso.

La homofobia es ese venenoso coctel de machismo e ignorancia. O quizá solamente de ignorancia, ya que el machismo es nada más una de sus ramificaciones.

El martirio de Gabrielito se pudo dar a conocer al mundo gracias a que sucedió en un país con justicia, instituciones y medios de comunicación. ¿Cuántos Gabrielitos anónimos han existido? ¿Cuántos siguen existiendo?

Estados Unidos no es un país perfecto, pero es perfectible. De esta devastadora tragedia quedará la presión para exigir mayor eficacia a los organismos que deben velar por la vida y el bienestar de los pequeños. Y algún macho lo pensará dos veces antes de ponerle la mano encima a un menor, movido por la homofobia.

Pero nada de eso le devolverá la vida a Gabrielito Fernández. Queda, eso sí, el consuelo de la justicia. Un consuelo sordo y hueco.

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