El amigo Cortez

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Acostumbraba a decir el gran compositor y pensador argentino Facundo Cabral que había que incentivar la música y la poesía, porque cada cantor es un soldado menos. Uno de esos hombres de música y al servicio de la paz fue Alberto Cortez, insigne artista y hombre de cultura que falleció hace unos días, dejando un espacio vacío (como dice una de sus más hermosas piezas), aunque su mensaje seguirá pavimentando los caminos de sueños, amores y justicia.

Como el abuelo de otra de sus melodías, sus manos, aunque un poco más viejas, no estaban vacías y reflejaban un número importante de experiencias, historias, cuentos y alegrías que le permitieron crear narraciones de lo cotidiano y contribuir con la construcción de una existencia que lejos de ser aburrida, está impregnada de magia.

Le cantó a la libertad usando su voz, tal vez el recurso más contestatario que puede emplearse, pues es la proyección de las ideas que no pueden aniquilarse por más que algunos se afanen en ello. Cortez es un poeta que a través de su música y su mensaje logró alcanzar un sitial preponderante en la eternidad. Cada vez que se mire un árbol, un perro o un camino, allí estará el cantor, quien le puso voz a lo que nos rodea.

Cortez usó su estampa de artista para gritar a favor de la libertad y la dignidad. En pleno Festival de Viña del Mar en 1979 agasajó a la magistral Violeta Parra cantando Gracias a la vida, lo cual llevó a que el dictador Pinochet y su séquito abandonaran el recinto. Anteriormente iba por España cantando la poesía de Neruda, pese que el autor era repudiado por el perverso franquismo. Inclusive, varias canciones de Alberto Cortez fueron prohibidas por la tenebrosa dictadura argentina que intentó adueñarse de la nación entre 1976 y 1983.

El gran músico se marchó a cantar al infinito. Su voz de juglar seguirá evocando el amor y la libertad, que en esencia son lo mismo: el sueño de luchar por un mejor porvenir, aunque algunos obstinados opten por sumir a los pueblos en el atraso y en el olvido. Cantar es vencer el miedo y soñar es dar un paso a la democracia.

 

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