El abismo andaluz

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Hace una semana Andalucía fue noticia no sólo en España, sino en el resto del mundo, pues las elecciones dejaron un escenario que plantea un reacomodo de la política local, pone en entredicho las estructuras políticas tradicionales y lleva a otro experimento en el que la antipolítica populista sigue arañando espacios, esta vez no desde la demagogia de Podemos, sino con la óptica del radicalismo de Vox.

Además de la alta votación de Vox, un partido cuya dirigencia pone en duda el carácter dictatorial del franquismo y compra la retórica anti-inmigrantes, se concretó una abrupta caída del Partido Socialista Obrero Español, agrupación que, pese a haber obtenido el mayor número de escaños tiene que recurrir a complicadas negociaciones para tratar de gobernar, viendo peligrar uno de sus bastiones más representativos.

Desafortunadamente, el cortoplacismo de muchos impide ver que Susana Díaz, histórica dirigente andaluza de los socialistas, es el rostro moderado de un partido en el que figuras como ella luchan por mantener las tradiciones y los valores democráticos de la organización, frente a la irrupción de un sector mucho más radical que se ufana de su cercanía con Podemos.

La lógica natural sería que tres de las cinco fuerzas representadas, es decir, el socialismo, el Partido Popular y Ciudadanos, se den la mano en un gran frente de defensa de la Constitución y la tradición, contrario a los discursos revanchistas de Podemos y Vox, pudiendo incluso vislumbrarse el caso de que, en aras de salvar la institucionalidad, los socialistas desistan de encabezar el gobierno.

De todas maneras, el escenario es sumamente complicado puesto que el discurso contrario al partido socialista y las desafortunadas prácticas del gobierno central, hacen que un sector del Partido Popular, inexplicable y torpemente, asome la posibilidad de un gobierno en el que Vox y Ciudadanos puedan entrar, aunque este último partido pone en entredicho un acercamiento al radicalismo.

Lo cierto es que transita España por veredas sumamente intrincadas que pueden decidir el futuro del país. Es la hora de la claridad, el entendimiento y de anteponer la dignidad a cualquier tipo de interés. Si se imponen las agendas particulares es muy probable que poco a poco el populismo engulla a España, siendo después muy tarde para evitar la debacle.

 

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