Duque y AMLO

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Por el momento, los personajes que titulan este artículo no tienen mayor vinculación que estar en la política. Tal vez en algunas semanas, puedan ambos esbozar en sus perfiles curriculares que son presidentes electos de sus respectivos países, quedando a la espera de tomar posesión, y hacer que el destino termine de fijar lo que deparará a los ciudadanos a los que les corresponderá gobernar durante los próximos años.

Pero más allá de ello, el recientemente electo Presidente de Colombia debería prestar atención a quien probablemente sea su homólogo mexicano, pues si algo tiene el contestatario López Obrador es una constancia que lo llevó, luego de algunas actitudes poco cónsonas como crear gobiernos paralelos, a trabajar con ahínco su propuesta y a empecinarse en aprovechar los errores de sus adversarios.

El presidente Iván Duque tiene que hacerlo bien, simplemente porque las fuerzas del antisistema, por más derrotadas que salieran, evidencian fortaleza (aunque ningún personaje tenga la posibilidad hasta el momento de adjudicarse ese caudal) y pudiesen aprovechar los desaciertos de su gobierno para irrumpir con potencia en los próximos comicios. Aunque el sistema electoral era distinto, aún está fresca en la memoria boliviana la acción de los grupos tradicionales del país para, sin otra lógica o motivación que derrotar a Evo Morales, apoyar a Gonzalo Sánchez de Lozada. Años después Morales controla con mano autoritaria los destinos de su nación.

Entre la primera incursión de López Obrador para conseguir la presidencia y la opción actual, han pasado 12 años, período para no solo desempolvar algunas citas de Juárez y de Lázaro Cárdenas, sino para exacerbar el antipartidismo (tal como ocurrió en Venezuela contra Acción Democrática y Copei) y ofrecer soluciones mágicas. Desafortunadamente, su gran aliado fue la poca atención que se prestó a los problemas y las necesidades. Las existentes inequidades y la falta de oportunidades siguieron presentes, por más buena fe que pusieron tanto Calderón como Peña Nieto.

Duque, cuando le toque saludar a López Obrador en alguna reunión (que no será la del Grupo de Lima, ente que el mexicano probablemente no acompañe), seguramente pensará en que de no hacerlo bien y ayudar a que en Colombia se impulse la educación, se concrete una paz sin impunidad, se respire seguridad y se reduzca la pobreza, puede su país vivir en el 2022 una zozobra como la que sienten los mexicanos. En sus manos está la solución. Desafortunadamente ni el PRI ni el PAN, que ahora junto al PRD están en una inexplicable fase de atacarse entre sí, entendieron eso en su momento. Les quedará el sexenio (¿o más?) de López Obrador para reflexionar.

luis.daniel.alvarez.v@gmail.com

@luisdalvarezva

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