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Colombia…

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Con estupor y angustia ha podido observarse como los que hasta hace no mucho tiempo eran considerados peligrosos terroristas y sanguinarios criminales hoy, como si nada hubiese pasado, presentan fórmulas electorales a las distintas instancias en Colombia, generando una preocupación todavía mayor al descubrir que gozan de buena valoración, e inclusive simpatía en algunos sectores de la sociedad colombiana.

Las FARC, que ni siquiera tuvieron la elegancia de emplear otras siglas que los alejen de la idea del terror que durante más de 50 años infringieron en el país, presentan opciones que lejos de llamar al consenso evocan crueldad y desasosiego; por ejemplo en lo que se refiere a Timochenko a la cabeza de la fórmula presidencial y en el Senado aparecen como figuras Iván Márquez y Pablo Catatumbo, quienes de peligrosos delincuentes irrumpen ahora como honorables políticos.

Aprovechan estos grupos para explotar la ansiedad y la preocupación de una sociedad que ve como los valores cotidianos sucumben ante la pelea de los partidos y surgen un liderazgo estéril y la indiferencia, que junto a una flagrante falta de identidad y de voluntad por atender las viejas deudas sociales pendientes, se unen a la demagogia y al populismo para desafortunadamente vislumbrar la posibilidad real de la pérdida del Estado derecho.

Es preciso señalar que ganen o pierdan estos grupos, el daño al sistema está hecho con un proceso que les ha otorgado un caudal importante de garantías y derechos mientras las responsabilidades parecieron diluirse en la inmediatez y el desespero de firmar, a como diera lugar, un tratado de paz que a la postre pareciera no pasar de lo retórico y que cada día queda peor parado ante la colectividad que siente que el gobierno explotó un proceso cuyos resultados no son fructíferos.

Tal vez lo peor que afronta la sociedad colombiana es no entender que aún están a tiempo de evitar el tránsito a las lúgubres veredas de Cuba y Venezuela. A medida que pasan los días la descomposición del Estado corre aceleradamente y los delincuentes salen en los medios de comunicación, los cuales los tratan con una inusitada e inmoral benevolencia, no para señalar que fueron capturados o inhabilitados sino para presentar su entrada por la puerta grande de la política.

 

luis.daniel.alvarez.v@gmail.com

@luisdalvarezva

 

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