Caminos escabrosos

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La pérdida de referentes políticos es una de las mayores amenazas que se ciernen sobre los países y sus sistemas democráticos. En muchos casos, el vacío de no tener figuras que puedan de alguna manera evocar seguridad y estabilidad, abre el paso para que la antipolítica y el populismo terminen calando y generando opciones desastrosas y peligrosas.

El caso peruano es desafortunadamente una realidad en este sentido. Un país que recuperó a los ojos de la comunidad internacional la relevancia política y la institucionalidad de manera acelerada, se encuentra actualmente sumido en la que, sin lugar a dudas, puede ser la crisis de mayor envergadura en muchísimos años, pues aunado a que no hay debates de altura en las instancias judiciales y en el parlamento, quienes han ocupado la presidencia de la República enfrentan procesos judiciales de distinta naturaleza.

Basta con hacer una revisión cronológica para observar que todos los exmandatarios tienen procedimientos abiertos e incluso algunos de ellos han sido condenados. El primer caso es el de Francisco Morales Bermúdez -olvidado dictador peruano del siglo XX- que prácticamente pasa sus últimos días confinado a su país, pues sobre él se cierne el peligro de ser extraditado a Italia para cumplir una condena por crímenes de lesa humanidad. De igual manera, Alberto Fujimori (en su momento un altanero, déspota y humillante mandatario) pasará los últimos años de existencia purgando alguna de sus condenas por haber dejado a su país en la más aberrante de las oscuridades en cuanto a la dignidad humana se refiere.

A los dos exgobernantes se unen Alejandro Toledo –detenido en los Estados Unidos mientras se resuelve la solicitud de extradición a Perú- y Ollanta Humala, ambos acusados de haber incurrido en graves hechos de corrupción, al igual que el expresidente Pedro Pablo Kuczynski, personaje que si bien había querido vender una imagen de diferencia en cuanto al manejo del poder, terminó siendo arrastrado por una serie de denuncias y acusaciones que lo llevaron a renunciar. Incluso el actual mandatario Martín Vizcarra despierta suspicacias en cuanto a la transparencia de su gestión.

El no tener emblemas y personalidades que brinden sosiego y tranquilidad puede llevar a Perú por una senda de la que luego deberá arrepentirse. Que todos sus expresidentes vivos y la clase política y judicial en general estén señalados, puede provocar la irrupción de alguna figura que haga retroceder a su país hacia épocas superadas. Sin lugar a dudas, está en juego la madurez ciudadana, porque la de sus dirigentes, sencillamente, parece no existir.

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