Aquí y allá: La guerra mediática

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Todavía recordamos cómo comenzó todo durante los primeros años del gobierno del finado Hugo Chávez. Su otrora ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, ahora “opositor”, puso de moda el término “hegemonía comunicacional”, tal vez un concepto que para entonces veíamos como una alucinación. Sin embargo, el tiempo nos ha dado la razón a muchos de los que creíamos que el “socialismo del siglo XXI” era capaz de llevar a cabo la destrucción total de muchos aspectos de la vida del venezolano, entre ellos la libertad de escoger lo que lee, escucha y ve en la televisión, con la excusa de enfrentar una supuesta guerra mediática.

El comunismo es sinónimo de destrucción absoluta. Se escudan en que vivimos en un sistema de libertinaje para cometer todas sus fechorías y excesos en contra de todo el que no piense como ellos, y en contra de los medios de comunicación, y en especial los periodistas con un ejercicio libre e independiente, sin ataduras partidistas de ningún color.

El comunismo cuestiona un sistema que terminó por tragarse a la burocracia de la izquierda socialista, apoderada de todos los negocios habidos y por haber mientras respiren en el poder. Para lograrlo, sin duda, necesitan de esta hegemonía mediática para que nadie se entere de sus negocios o simplemente de lo que por omisión dejan de hacer. La crítica para ellos es prácticamente un delito, y quien ejecuta esta acción un delincuente, y así es como el comunismo trata a los periodistas críticos.

La política de intimidación y censura contra los medios de comunicación libres e independientes ha logrado en 20 años el cierre de decenas de diarios impresos que no se arrodillaban ante el régimen, aunado a la “compra” casi obligada de otros medios nacionales y de provincia. Estos tienen como línea editorial la autocensura y diariamente lo único que hacen es publicar boletines “propagandísticos” del gobierno, enviados por las oficinas de información de los diversos ministerios, gobernaciones o alcaldías comunistas, para complacer a sus nuevos “dueños” o a sus “testaferros”, que simplemente reciben órdenes de las altas esferas del poder.

Frente a esta aberración gubernamental los venezolanos libres intentan surfear bajo los “lineamientos” de las redes sociales. Sin embargo, más importante aún es la aparición de un grupo de medios verdaderamente libres e independientes de los tentáculos del poder y que le están haciendo la vida de cuadritos al gobierno del presidente Maduro. El poder no logra dar con alguna forma de chantaje para callarlos, por lo cual ha decidido que los periodistas, corresponsales, reporteros gráficos y camarógrafos de estos medios son “objetivo de guerra” por no prestarse a los idearios publicitarios gubernamentales.

Dirigentes y autoridades del régimen han agredido física y verbalmente a periodistas y medios de comunicación digitales. A muchos los han obligado a irse del país, a otros les han prohibido salir del territorio nacional, otros tantos han sido perseguidos, se han bloqueado el acceso a medios digitales y se han robado equipos vilmente.

Cada minuto que transcurre en Venezuela se vulnera más el derecho al libre pensamiento y a la libertad de los venezolanos de estar informados, derechos universales consagrados en los artículos 57 y 58 de la Constitución Nacional pateada y escupida por los representantes del régimen autoritario.

Los últimos episodios del régimen en contra de los periodistas se vivieron esta semana: primero contra Isnardo Bravo, a quien se le impidió la salida del país cuando se iba de viaje de turismo con su hija. Después de nueve horas detenido, la prohibición de abandonar el territorio nacional fue desmentida, en lo que constituye sin duda una intimidación por su manera frontal de informar y decir lo que sucede en el país.

Luego al reportero de Efecto Cocuyo en Vargas, Rey Mozo, lo detuvieron y prácticamente le prohibieron hacer su trabajo cuando reseñaba lo que sucedía con los pacientes en el buque de bandera china con supuesta ayuda humanitaria para los venezolanos.

Ese mismo día en horas de la tarde a la profesora y periodista María Trinidad Ramos la detuvieron en el Aeropuerto Internacional Arturo Michelena por supuestamente tener oro de la nación, prendas de su hijo que llevaría en el viaje.

Por último, Diosdado Cabello aseguró que ganó una demanda por supuesta difamación contra el portal La Patilla por 32 millones de dólares, solo por haber reproducido un trabajo periodístico de un diario español. 

Todas estas son sin duda muestras del autoritarismo que mantiene el régimen contra los medios y periodistas independientes, mientras la gran mayoría de los venezolanos viven una gran prueba de resistencia humana, sin servicios básicos, ni acceso a alimentos o medicinas, ni seguridad ciudadana.

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