La Generación Z enfrenta una ola de depresión, soledad y rechazo
Expertos en salud mental advirtieron que la Generación Z enfrenta una crisis sin precedentes de ansiedad, depresión y soledad, impulsada por el racismo, la pobreza, la presión social y el aislamiento
“La salud mental infantil y juvenil es la crisis de nuestro tiempo”, advirtió el ex Cirujano General de EE. UU., Dr. Vivek Murthy. Con más del 22% de los jóvenes adultos de la Generación Z reportando episodios depresivos en 2023, y 4 de cada 10 niños sintiendo tristeza persistente, el panorama es alarmante. En este contexto, American Community Media reunió a expertos en salud mental, terapeutas y jóvenes con experiencia vivida para abordar las causas y posibles soluciones.
Un «tormenta perfecta» para la salud mental
La doctora Ovsanna Leyfer, profesora asistente de investigación en el Boston University Center for Anxiety and Related Disorders, abrió el panel describiendo un aumento dramático en los casos de ansiedad, depresión y trastornos del comportamiento entre los jóvenes desde principios de los años 2010.
“La situación ya era preocupante antes de la pandemia”, explicó. “Pero el aislamiento, los cierres escolares y el estrés familiar la agravaron aún más”. Leyfer identificó múltiples factores: uso excesivo de redes sociales, presión académica, inseguridad económica y crisis globales como el cambio climático. “Es una tormenta perfecta”, dijo.
Aunque alarmante, Leyfer también ofreció esperanza: la terapia cognitivo-conductual (CBT) ha demostrado ser altamente efectiva. “El 60–80% de los jóvenes con ansiedad mejora significativamente con CBT. Es breve, estructurada y enseña habilidades para toda la vida”, señaló, subrayando la necesidad de expandir su acceso.

Acceso desigual y barreras estructurales
La doctora Kiara Álvarez, profesora en la Escuela de Salud Pública de Johns Hopkins, abordó los desafíos específicos que enfrentan los jóvenes latinos y afroamericanos. “Indígenas y latinos tienen las tasas más altas de sentimientos de tristeza y desesperanza: 45% y 42% respectivamente”, detalló.
Álvarez criticó la falta de acceso equitativo a la atención: “Incluso con el mismo nivel de necesidad, los jóvenes negros, latinos, asiáticos e indígenas reciben menos atención de salud mental que los blancos”. Además, alertó sobre el temor a que la búsqueda de ayuda desencadene consecuencias como la intervención de servicios de protección infantil o inmigración: “Hay razones para evitar buscar ayuda, aunque la necesiten”.
Consultada sobre los impactos de redadas migratorias y detenciones masivas, fue contundente: “Estas son experiencias traumáticas, no solo para quienes las viven, sino también para quienes las ven en redes sociales. Hay un impacto que reverbera en toda la comunidad”.
Sobre cómo los recortes presupuestarios afectarían los servicios, respondió: “Las agencias ya trabajan con pocos recursos. Hacer más con menos es una receta para el fracaso, especialmente en comunidades pobres y racializadas”.
Trauma intergeneracional en jóvenes AAPI
Desde la experiencia clínica, la terapeuta Soo Jin Lee, fundadora de Yellow Chair Collective, explicó por qué los jóvenes asiático-americanos (AAPI) enfrentan barreras culturales y familiares únicas. “Muchos jóvenes sienten que no pueden hablar de su dolor porque eso traería vergüenza a sus familias. Y cuando lo hacen, no son entendidos”.
Lee denunció la falta de terapeutas culturalmente competentes: “Solo el 3% de los psicólogos se identifican como asiáticos. Muchos jóvenes llegan a mí después de que otros terapeutas les dijeron que cortaran vínculos con sus padres, sin comprender el valor del respeto filial en nuestra cultura”.
Su organización ofrece alternativas, como retiros de sanación donde la terapia se combina con prácticas culturales como Tai Chi, baños de sonido y círculos de narración. “En estos espacios no se habla directamente de salud mental, pero los jóvenes experimentan lo que significa cuidarse y sentirse vistos”, explicó.

La voz de una sobreviviente
La última intervención fue la más emotiva. Victoria Birch, joven afroamericana, compartió su historia marcada por depresión, autolesiones, encarcelamiento juvenil y ruptura familiar. “Fui la única de 13 hermanos que terminó en el sistema de acogida. Me sentía rechazada por todos”, relató.
Su transición no ha sido fácil. “Pasé de vivir con 50 chicas en una cárcel juvenil a estar sola en mi casa. La soledad golpea fuerte”. Pero el acompañamiento de la organización Beloved Village le permitió reconstruir su relación con su madre. “Ahora sé que puedo llamarla y decirle: ‘No sé hacer esto. ¿Me enseñas?’ Eso me ha salvado”.
La madre de Victoria, presente en la sesión, confesó entre lágrimas: “Fue más difícil dejarla en el sistema que enterrar a un hijo. Pero sabía que no podía darle lo que necesitaba. Hoy estamos sanando juntas”.
Desde datos inquietantes hasta historias de resiliencia, el panel dejó claro que la crisis de salud mental de la Generación Z no tiene una sola causa ni una solución mágica. Pero sí hay esperanza: más acceso, más compasión, más enfoques culturales. Y, como mostró Victoria, más humanidad.